sábado, 24 de septiembre de 2016

Kamshout y el Otoño. El origen de los loros ( Leyenda Ona )


En la Isla Grande de Tierra de Fuego, vivió antes de su extinción, un pueblo indígena americano llamado los Sélknam, más conocidos como Ona.
Hubo un tiempo en el que las hojas de los árboles siempre eran verdes, y en ese tiempo vivió Kamshout, un muchacho alegre perteneciente a esta tribu, al que le gustaba hablar sin parar. No importaba que no hubiera mucho que decir en un momento determinado, él siempre encontraba las palabras necesarias para hacerse oír. A veces tanta cháchara resultaba una molestia, y por ello a nadie pasó desapercibida su ausencia cuando Kamshout tuvo que marcharse para cumplir sus ritos de iniciación. En la tribu al fin había momentos en los que se podía disfrutar del silencio.

El muchacho tardó mucho tiempo en regresar, tanto que el resto de la tribu comenzó a creer que había fallecido. Sin embargo un día regreso, tan parlanchín como siempre, hablando y hablando sin parar sobre su aventura. Repetía una y otra vez que había estado en un fantástico país allá por el Norte en el que los árboles cambiaban de color. Sus hojas se volvían amarillas y caían hasta que parecían estar completamente muertos, pero después llegaba un tiempo al que llamaban Primavera en el que las hojas volvían a renacer en los árboles y todo se teñía de verde de nuevo.

Hablaba de aquellos maravillosos matices y colores, de hojas secándose en el suelo tiñendo el paisaje de ocre, de árboles que volvían a vestirse de luz y verdor después de haber perdido todas sus hojas… Nadie le creyó. Nadie conocía aquellas extrañas palabras que Kamshout repetía sin parar, Otoño… Primavera… Todo debía ser una mentira del imaginativo muchacho, las hojas de los árboles eran eternas. Toda la tribu se rió de él y esto lo puso muy furioso. Se puso rojo de la rabia y no paró de repetir su historia una y otra vez hasta que las palabras se le apelotonaban en los labios.

Cansado de las burlas de sus vecinos, el muchacho, furioso, decidió volver a marcharse. Al cabo de un tiempo Kamshout regresó a su tribu; pero lo hizo de una forma totalmente sorprendente, el muchacho era ahora un gran pájaro de plumas verdes y rojas. El pájaro emitía un ruido cansino con el que parecía reírse de todos. Debido a este sonido todos comenzaron a llamarlo Kerrhprrh.

El pajarraco se fue posando en todas las ramas de los árboles verdes y las fue tiñendo una a una de un color rojizo. Las hojas en ellas comenzaron a adquirir una tonalidad dorada tal y como el muchacho había descrito y poco a poco comenzaron a caerse y a vestir el suelo. Todos en la tribu estaban aterrados, lamentando la muerte de todos sus benditos árboles, y Kerrhprrh se reía ahora de ellos, como ellos lo habían hecho de Kamshout antes.

En primavera la tribu contempló maravillada cómo todos los árboles volvían a brotar y a vestir sus ramas de hojas verdes y frescas, tal como el muchacho había dicho en su día.
Desde ese entonces, se reúnen unos pájaros de vivos colores en las ramas de los bosques, son los loros, que se ríen constantemente de los humanos con sus picos curvos para recordar a su antepasado Kamshout, al que nadie tomaba en serio.

Esa fue la venganza que planeó Kamshout para toda la eternidad.



sábado, 17 de septiembre de 2016

La Tejedora de Sueños.


Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había una pequeña villa en el valle que se formaba entre dos altas montañas. Era éste un lugar recóndito, apartado del mundo, donde parecía que incluso el mismísimo Padre Tiempo jamás hubiera puesto un pie en él. De hierba verde y arroyos cantarines que descendían de los montes colindantes, olor a azucena y madreselva, la aldea vivía una perpetua primavera.

Así como el lugar era confortable, los habitantes también eran generosos y amables los unos con los otros. No había trifulcas, todo era concordia y paz... conformaban una gran familia en la que cada miembro destacaba en una función: estaba Gerand, el leñador y su esposa Joanne, la curandera; Barbarás el panadero, Tobías el agricultor... y, sí, en éste sitio también había una hilandera y tejedora, llamada Dalia.

Dalia era una anciana amable que se entretenía en tejer todo tipo de cosas para sus convecinos, las cuales cambiaba por comida y demás utensilios para ella. Desde una simple bufanda para cuando la temperatura era algo más fresca, hasta una alfombra, no había objeto que sus hábiles dedos no pudieran confeccionar. Un buen día, mientras Dalia permanecía despierta dándole los últimos retoques a un gorro para Gerand, se quedó dormida junto al fuego en su cómoda mecedora.

En sueños, se le apareció lo que no pudo catalogar más que como un hada. - No temas, sabia tejedora, no he venido a hacerte ningún mal- le dijo- Es más, he visitado tu sueño para encargarte un trabajo digno de una reina. Nuestra soberana, el hada Carmín, desea que seas la creadora de un tapiz para decorar el salón del trono. - Más, yo soy una anciana de aldea y no he visto mundo en toda mi vida. Nací aquí y moriré aquí, no sé el que podría ser del agrado de tan nobles gentes- replicó ella, opinando que los paisajes que bordaba comúnmente podían no ser del agrado de la reina de las hadas. - No te preocupes, pues es deseo de mi señora el dotarte de un extraño don para que puedas representar algo digno de nuestro mundo.

Durante un año soñarás todas las noches con nuestro mundo. Volarás junto a nosotras, visitarás cuevas llenas de riquezas, bosques exuberantes y lagos donde jamás deja de manar un agua tan pura como el cristal. Así conseguirás los motivos para tejer tu tapiz de día. Tras estas palabras, la tejedora despertó y supo al instante que no había sido un sueño, pues junto al gorro a medio acabar había unas huellas tan diminutas sobre el mantel que sólo podían corresponder a un hada. Así pues, durante todo un año la anciana se puso manos a la obra.

Por las noches soñaba estar volando junto a majestuosos dragones, mientras recorría un mundo de ensueño bajo su vista. Soñaba bucear por las profundidades marinas convertida en una sirena, entre enormes castillos de coral y perlas, y adentrarse bajo la tierra descubriendo vetas de piedras preciosas del tamaño de castillos. Durante todos sus oníricos viajes, unas hadas la acompañaban e instruían en qué aspectos debería destacar de cada lugar, enseñándole las más preciosas puestas de sol y amaneceres de su mundo.

Mientras que por el día, Dalia se limitaba a reflejar todo aquello en un enorme tapiz lleno de color y tan realista que los vecinos, al contemplar como iba quedando su obra, se maravillaban por el simple hecho de que todas aquellas figuras fantásticas no saltaran de la tela y se pusieran a corretear por la aldea. Así pues, al cabo de un año exactamente, Dalia podía examinar su obra completa rematando las almenas del lugar que había visitado en su último sueño: un castillo hecho de tal forma que parecía fundirse con el bosque que lo rodeaba, desbordando un aura de magia y misticismo en él.

Finalizada su obra, aguardó el sueño en el cual el hada que le encargó aquello volvió a aparecer  mirando todo lo que los dedos de la anciana habían tejido. - En verdad éste es un regalo digno de reyes, sabia tejedora. Mi reina en persona, Carmín, desea felicitarte por tu excelente obra.

Y Dalia acompañó al hada hasta el castillo que había visto la noche anterior, con el que había finalizado el tapiz. Pues éste no era otro que el hogar de la reina de todas las hadas, la cual recibió a la anciana con toda suerte de honores y festejos. - Has hecho un excelente trabajo- comentó Carmín mientras contemplaba su tapiz, situado tras el trono- Y por ello, en pago a tan diligente esfuerzo, mis hermanas y yo hemos decidido condecorarte con el mayor honor que podemos darle a un ser humano. A partir de hoy, tejedora Dalia, abandonarás tu cuerpo mortal y serás una de nosotras.

Y fue así como Dalia rejuveneció y empequeñeció, brotándole dos alas translúcidas de la espalda mientras reía y bailaba feliz junto a sus hermanas, las hadas.

En la aldea encontraron que la anciana tejedora había fallecido durante la noche, metida en su cama con una sonrisa de paz, como si se hubiera quedado dormida para no despertar. Tras el funeral, los vecinos de la aldea buscaron el maravilloso tapiz por todas partes pero no lo encontraron, puesto que la obra había pasado al mundo de la magia, donde colgaría por siempre tras el trono de Carmín, la reina de las hadas. ¿Y qué decir de Dalia? Pues que fue la encargada de uno de los trabajos más importantes del mundo mágico: las hadas la nombraron tejedora de los sueños.

Y desde entonces, ella es la encargada de visitar las mentes de todos los humanos mientras duermen y, con sus hábiles manos e hilos de oro y nácar, tejer nuestras fantasías para provocarnos los más placenteros descansos y poder soñar, así, con ése mundo mágico que siempre nos espera al otro lado.


Autor: Desconocido.



sábado, 10 de septiembre de 2016

El lobo protector de peregrinos. ( Leyenda del Camino de Santiago )


Imagen Karras
Mejores épocas ha vivido la población de lobos en la Península Ibérica que la actual, pero sin duda también peores, pues recordemos que hasta 1970 la caza de estos animales (considerados plaga en España) era incentivada por las autoridades. Hoy son una especie protegida, pero sin embargo su número (basado en estimaciones, no en censos reales) está muy lejos de la población que habitaba nuestra geografía hace unos siglos, con el Camino de Santiago en pleno apogeo medieval. El Camino debió estar sin duda lleno de lobos, lo que da bastante sentido a la leyenda que hoy os contamos, protagonizada precisamente por un lobo muy especial y por un desafortunado peregrino.

Cuenta la leyenda que un peregrino procedente de Lapurdi, en el denominado País Vasco francés, recorría las peligrosas tierras del norte de la península en los Pirineos, muy cerca de Roncesvalles. Si peligrosas eran estas tierras era por la gran cantidad de bandidos y asaltantes que rondaban por estos caminos, atacando a peregrinos camino de Santiago de Compostela. Precisamente uno de estos peregrinos decidió hacer noche en una posada de esta zona montañosa para guarecerse de la oscuridad, cuando ya en su alcoba, se vio sorprendido por otro peregrino, aparentemente buscando también cobijo.

Haciendo honor a la camaradería que se respira en el Camino de Santiago, los dos peregrinos entablaron amistad rápidamente, hasta el punto de que nuestro protagonista le ofreció al nuevo huésped de su alcoba recorrer la ruta juntos hasta Santiago de Compostela para poder defenderse mejor de las calamidades que pudieran encontrarse. El nuevo huésped aceptó de buen grado acompañarle, y ambos continuaron su camino a la mañana siguiente, pero poco duró la idílica alianza, pues cuando ambos peregrinos se adentraron en una zona boscosa alejada de toda mirada indiscreta, nuestro querido peregrino se encontró con su espalda apuñalada a traición. Su nuevo compañero no era otra cosa que un maleante que había escogido vilmente la estrategia de engañar a los peregrinos ganándose su confianza.

Imagen Karras
Las miserias de nuestro peregrino se multiplicaron al comprobar el maleante que no llevaba nada de cierto valor, por lo que lo castigó despojándole de todas sus pertenencias y arrojándole por una ladera como dios lo trajo al mundo, desangrándose poco a poco. Sin poder evitar que la noche lo envolviera, el peregrino, incapaz de moverse comprobaba como el destino todavía tenía guardada una nueva carta para él cuando vio a lo lejos acercarse una manada de lobos directos hacia él. Pese a su lamentable estado el peregrino pudo observar un brillo especial que salía de los ojos de uno de los lobos, lo que confirmó cuando lo tenía apenas a unos palmos de distancia.

Imagen Karras
Creyendo ver al mismísimo Santiago reencarnado frente a él, el peregrino pidió ayuda al apóstol para al menos no ser engullido por la jauría de lobos que le rodeaban, pero que nunca llegaron a atacarle. Y así fue; nuestro peregrino pudo morir en paz y enfrentarse al descanso eterno, no sin antes rogarle a Santiago por la salvación de su alma, sabedor de que su triste final estaba cerca. Cuenta la leyenda que el lobo de ojos luminosos ahuyentó a la manada para que dejaran al peregrino descansar por fin de su lamento y se dispusieran a encarar una importante encomienda: vengar al desgraciado peregrino.

Imagen Karras
Su verdugo, el retorcido maleante seguía su caminar por la ruta jacobea hasta que decidió hacer parada en un refugio de montaña, creyéndose seguro, pero en mitad de la noche, cuando sus ronquidos eran más profundos, se vio sorprendido por la jauría de lobos, comandada por el lobo de ojos luminosos, detrás de quien cuenta la leyenda, estaba el mismo apóstol Santiago. Pese a sus torpes cuchilladas al aire con su todavía manchado cuchillo, el maleante fue degollado por los lobos, vigilados en todo momento por la misteriosa figura protectora, que en ningún momento habría tomado partido el ajuste de cuentas.

A la leyenda del alma de Santiago en el cuerpo del lobo se une la tradición que cuenta que cada cien años los lobos recuerdan el día de la muerte del peregrino y aúllan durante toda la noche, lo que obliga a los maleantes del Camino a dejar de lado su oficio por un día si no quieren vérselas con el lobo de ojos luminosos. Siglos después aquel lobo se ha convertido en una figura legendaria que se cuenta protege a los peregrinos una vez cada cien años cuando cruzan los Pirineos.





sábado, 3 de septiembre de 2016

La Mariposa Blanca ( Leyenda Japonesa)


Un anciano llamado Takahama vivía en una casita detrás del cementerio del templo de Sozanji, él era extremadamente amable y querido por sus vecinos, aunque la mayoría de ellos lo consideraban un poco loco, ya que su locura al parecer se basaba en el hecho de que nunca se había casado o tenido contacto íntimo con una mujer.

Un día de verano se puso muy enfermo, tan enfermo que envió en busca de su hermana y su hijo, ambos llegaron e hicieron todo lo posible para brindarle comodidad durante sus últimas horas, pero mientras observaban a Takahama que se quedaba dormido, una gran mariposa blanca voló en la habitación y se apoyó en la almohada del anciano.

El hijo trató de alejarla con un ventilador, pero regresó tres veces, como resistiéndose a dejar al enfermo, luego la mariposa perseguida por el niño se alejo al jardín y de allí al cementerio, para posarse sobre la tumba de una mujer y luego desaparecer misteriosamente.

Al examinar la tumba el joven leyó el nombre de "Akiko" escrito en ella, junto con una descripción que narraba cómo había muerto cuando tenía dieciocho años y a pesar de que la tumba estaba cubierta de musgo ya que tenía cincuenta años, el muchacho observó que estaba rodeada de flores.

Cuando el joven regresó a la casa se encontró con que Takahama había fallecido, se dirigió a su madre y le contó lo que había visto en el cementerio, "Akiko?" murmuró su madre y le dijo; "cuando su tío era joven se iba a desposar con ella, pero Akiko murió de tuberculosis poco antes de su boda, por ello tu tío nunca quiso casarse y decidió vivir siempre cerca de su tumba”.

Durante todos estos años se había mantenido fiel a su voto, manteniendo en su corazón todos los dulces recuerdos de su único amor, por ello cada día Takahama fue al cementerio y oraba por su felicidad, dejando flores en su tumba, pero cuando Takahama enfermó y ya no podía realizar su tarea amorosa, Akiko en forma de una mariposa blanca se hacia presente para acompañarlo y ahora han vuelto a reunirse, para estar juntos por toda la eternidad.


Autor: Desconocido.




sábado, 27 de agosto de 2016

Jim Bachor ( Arte en el asfalto )

Hola amigos, hoy quiero compartir con vosotros el arte de este artista que de un simple bache lo convierte en una obra de arte, ojala cundiese el ejemplo en todas las ciudades verdad?, el es Jim Bachor, espero que os guste.

Los baches son el mal que aqueja a conductores de todas las metrópolis del mundo, muchas veces a vista y paciencia de las autoridades municipales.El artista estadounidense Jim Bachor utiliza sus habilidades para tomar el asunto entre sus manos y no solo para rellenar los agujeros, sino también convertirlos en obras de arte con mosaicos.

Bachelor, radicado en Chicago (Estados Unidos), señala que su elección de trabajar en mosaicos tiene que ver con su fascinación por “tratar de dejar una marca en el mundo” y por la historia antigua.“En el mundo antiguo, los mosaicos eran utilizados para capturar imágenes de la vida diaria. Estas coloridas piezas de piedra y vidrio colocadas en mortero eran fotografías de imperios que pasaron hace mucho tiempo”, señala Bachor en su página web personal.

Inicialmente Bachelor realizaba mosaicos de flores, pero ahora ha cambiado el motivo a helados.


Empezó a rellenar los agujeros en las calles de Chicago después de ver cómo uno cerca de su casa no era tomado en cuenta por las autoridades. Jim Bachor, artista callejero y diseñador gráfico, no se limita a reparar los baches con cemento. Él le agrega arte y sentido del humor al rellenarlos con mosaicos que incluyen los números de teléfonos de talleres mecánicos, de la cantidad de agujeros que existen en las calles de Chicago o de coloridas figuras de helados y flores.

“Los baches son odiados por todos y el mundo está cada vez más agresivo. Creo que es divertido añadir una cuota de humor a un asunto del que todos se quejan. Caminar por la calle y toparte con uno relleno de arte genera sonrisas inesperadas en la gente y eso me gusta. Ahora, estoy diseñando 14 piezas de mosaicos con figuras de basura que la gente arroja en la calle como latas de soda, tickets del parquímetro o cigarros”, cuenta Jim Bachor, en entrevista con Univision Trends.


El artista desarrolló su afición por los mosaicos en los años 90, después de unas vacaciones por Europa. Estas piezas de arte con historia y de larga duración sobre el asfalto lo intrigaron a aprender la técnica y dar un paso al costado en su carrera de diseñador gráfico para marcas de publicidad. “Si tuviera que definir quién soy ahora, sería un artista de mosaicos contemporáneos. Lo que hago es arreglar con arte el problema de los baches en Chicago, Detroit y también Finlandia. También iré pronto a Los Ángeles, Filadelfia e Italia”.


Se tarda 8 horas para crear el diseño que convertirá en mosaico y son sus seguidores en Instagram quienes lo ayudan a buscar el bache perfecto por rellenar. Sobre el bache ideal, él prefiere que sean estables, poco profundos, alejados de la pista y que la gente los pueda ver. Pero Jim no está solo en su misión, siempre va acompañado de unos conos industriales de seguridad y traje naranja que compró en EBay hace unos años.

“Aprendí que debía proteger el mosaico con los conos de seguridad; antes lo hacía con los conos de soccer de mis hijos. Pésima idea. Se volaban siempre. El poder de los conos naranja es sorprendente. Puedes cerrar una calle con ellos y nadie dice nada. ¿Pedir permiso? Si lo hiciera seguro me dirían que no. 


El artista realiza una curiosa forma de intervencionismo urbano que a la vez es un servicio a la comunidad, ya que rellena baches de la calle, creando a la vez mosaicos. Cada una de esas obras no está pensada para ser eterna, sino que con el paso de los automóviles, el clima y la repavimentación se pierden, pero no sin dejar su huella en la memoria de quienes las han visto. Jim se declara un apasionado por la historia antigua y el mosaico, intereses que lo llevaron a trabajar como voluntario en una exploración arqueológica en Pompei.


Para Jim Bachor, a quien varias empresas se le han acercado para solicitarle que cree arte con mosaicos en espacios públicos, su trabajo es positivo y no siente que alguien tenga el derecho o el poder de impedírselo. 





sábado, 20 de agosto de 2016

Leyenda de las "Lágrimas de Sirena"


Hubo una vez un joven. Cansado de las batallas entre los clanes, las masacres y las peleas, decidió retirarse a un monasterio para recuperar la paz en su alma atormentada. El monasterio estaba en el valle que había entre dos montañas, oculto a la vida del exterior para no perturbar a los que buscaban paz allí  Estaba construido con piedra, contaba con una torre principal para llamar a la meditación y dos torres dispuestas a cada lado de esta, desde las cuales podía divisarse a los viajeros que se aproximaran. A su lado fluía un arroyo que se había canalizado para que fluyera por el patio del monasterio, para así tener agua. Estaba rodeado de arboles grandes y fuertes, robles, fresnos, encinas, chopos,... Gran diversidad de plantas existían en aquel lugar, entre las cuales los animalillos del bosque se escondían de los extraños y de los viajeros que por allí pasaban.

El lugar reposaba una paz extraordinaria, y por ello el joven decidió ir allí  creía que allí conseguiría la paz que tanto ansiaba para sanar sus pecados. Atrás dejo la vida que llevaba  Atrás dejo la vida de guerrero y de riquezas, las noches de celebración y las hermosas muchachas que deseaban cortejarlo  Fue aceptado como monje, y se pasaba los días pidiendo perdón a los dioses por todo el dolor que había causado. Paseaba por los pasillos, caminaba por el patio y subía a las torres. Siempre pidiendo perdón.

Cierto día  cuando paseaba por el patio una bocecilla le llamo. El joven se giro, pero no vio nada. La bocecilla grito "¡ Aquí, en el agua!". Era una hermosa kelpie que le estaba llamando para que se acercara. El joven se aproximo y observo a la hermosa kelpie, sin dejar de preguntarse porque aquel espíritu del agua le llamaba. La joven kelpie tenia una mirada penetrante, ojos verdes, sus cabellos eran negros como la noche, y lisos como el cielo, sus labios eran rojos y carnosos. Su piel brillaba con los reflejos que el sol producía en el agua.

Finalmente la kelpie le pregunto porque pasaba los días pidiendo perdón  El joven le contó el por que de aquello. Le contó los pecados que había cometido, los excesos en los que había caído y las atrocidades cometidas. La joven kelpie escuchaba atentamente al joven. Le había estado observando todos los días desde su llegada, ya que era muy joven para estar allí  y a la kelpie le había atraído. La kelpie se había encaprichado con el, el joven era guapo y la kelpie, como son de naturaleza todos estos pequeños espíritus  quería tenerlo para ella.

Pasaron los días  y todos los días la kelpie se presentaba ante el joven, hasta que cierto día la hermosa kelpie le confeso lo que sentía  El joven, que no quería negarse abiertamente ante la divinidad temiendo el castigo, le dijo que era imposible lo que le proponía  que el no podía vivir bajo el agua, ya que no podía respirar, y ella no podía vivir en la tierra.

La joven kelpie paso días y semanas buscando una forma para que aquel joven estuviera con ella, pero siempre fracasaba. Ante la evidente verdad la kelpie se entristeció  Comenzó a llorar. Lloro y lloro porque no podía estar con aquel joven al que quería  Mientras se despedía de el seguía llorando. Su pesar era abismal, nunca había sentido nada igual por un mortal. Su corazón rompió de tristeza y dolor. Poco a poco sus lagrimas se convirtieron en pequeñas piedras de color verde grisáceo  Aquellas piedras, que manaban de los ojos de la joven kelpie, quedaron esparcidas por todos los lagos, ríos y arroyos para recordar a todos quienes encontraran sus lagrimas que una vez amo. Amo con esperanza de que se cumpliera su amor, por lo que manaban verdes, y perdió el amor con gran pesar y tristeza en el alma, por lo que manaban también grises.


Autor: Desconocido.


sábado, 13 de agosto de 2016

El Libro del Tesoro.


Hace muchos años, en un reino, vivía una señora viuda con su hijo. Cuando creyó que estaba cerca el final de su vida, lo llamó y le dijo:
- “Hemos vivido en dificultades porque somos pobres, pero te entrego esta riqueza: Este libro me lo regaló un mago poderoso, en sus páginas están todas las indicaciones necesarias para encontrar un gran tesoro; yo no tuve fuerzas ni tiempo para leerlo, pero ahora te lo doy. Sigue las instrucciones y llegarás a ser rico”.

El hijo, tiempo después de la tristeza inmensa por la pérdida de su madre, empezó a leer aquel libro grueso, antiguo y precioso, que comenzaba así: “Para llegar al tesoro, debes leer página por página. Si saltas y lees el final, el libro desaparecerá por arte de magia y no podrás hallar el tesoro”.

Luego, describía las riquezas, pero en la segunda página, el texto continuaba en lengua árabe. El joven, que ya se imaginaba rico, pero que no quiso correr el riesgo de que otro se enterara, se puso a estudiar árabe, hasta que pudo leer sin problemas. Más adelante, advirtió con sorpresa, que el libro continuaba en inglés y, después, en chino. Con paciencia, estudió cada idioma.

Mientras tanto, aprovechó el conocimiento de varias lenguas y empezó a ser conocido como el mejor intérprete de su ciudad, con lo que su situación económica ya no era tan difícil.


El libro seguía con instrucciones para administrar el tesoro. El joven, con mucha voluntad, estudió economía y comercio y se capacitó también sobre bienes muebles e inmuebles, para que no lo engañaran cuando tuviera el tesoro. Por sus nuevos conocimientos, su fama se extendió hasta la Corte, donde lo nombraron administrador general.

Finalmente, el libro indicaba cómo usar instrumentos para llegar al lugar del tesoro, la forma de construir un puente, cómo aplanar una calle, apartar la tierra y abrir las puertas de piedra. Siempre con la idea de que nadie lo ayudara, para no confiar su secreto, el joven, quien había llegado a ser muy culto y respetado, estudió ingeniería y urbanismo.

Al ver el rey su valor y preparación, lo nombró Ministro y Arquitecto de la Corte y, finalmente, Primer Ministro. No existía en el reino alguien tan culto e inteligente como quien había llegado al final de la lectura. El día que se casaba con la hija del Rey, llegó a la última frase y pudo leer:
“la riqueza más grande, es el conocimiento”.


Autor: Desconocido.