sábado, 21 de abril de 2018

El Paquete de Agua.


En un pueblo, vivía un anciano llamado Mancodji con su hija llamada Inguéré. Cuando Inguéré tuvo edad para casarse, que era la más hermosa del pueblo, muchos jóvenes y hombres mayores ricos se acercaban hasta la casa del viejo Mancodji para pedir la mano de su hija. Pero el padre era desconfiado y no quería que su querida hija se casara con cualquiera.

Entonces, para poner a prueba a los aspirantes, les dijo que Inguéré se casaría con aquel que fuera capaz de traer un paquete hecho con agua. Entonces, todos decían:

-  ¿Quién ha visto nunca un paquete hecho con agua?. El viejo Mancodji pide algo imposible. Está claro que este hombre no quiere que su hija se case.

Ante esta dificultad, los pretendientes fueron poco a poco disminuyendo. Pero la noticia corrió a los pueblos vecinos y un día se presentó un joven  llamado Tamari, que venía de otra aldea, y le pidió a Inguéré que se casara con él.. Pero Mancodji le dijo:

- Usted ¿sabe que mi hija sólo se casará con quien traiga un paquete de agua?

Pero Tamari, que era muy inteligente le contestó:

- Sí,  señor. Y tengo tanto respeto hacia usted que para asegurarme de que nadie le robe el paquete de agua quiero pedirle una cuerda. Así que deme una cuerda hecha con el humo que sale de su pipa y yo lo ataré alrededor del paquete de agua que tengo en mi bolsillo.

El viejo Mancodji, comenzó a reir y felicitándole por su ingeniosa respuesta le deseó que fuera feliz con su hija. Tamari e Inguéré se casaron y vivieron felices


Autor: Desconocido.




sábado, 14 de abril de 2018

El Ermitaño y los Animales ( Leyenda Cántabra )


Una vez había un ermitaño muy viejo que tenía unas barbas muy largas y un hábito de sayal lo mismo que el sayal de los escarpines. El ermitañu bajaba a los pueblos una vez cada semana a pedir limosna ya regalar a la gente el agua bendita de la pila de la ermita y las ramas de laurel pasás por la frente del santu, que diz que valían pa aplacar las malas tentaciones, las angustias y los malos pensamientos.También regalaba las flores de la malva y la manzanilla y muchas yerbas güenas que nacían en el monte onde estaba la ermita.

Un día al levantase, el ermitañu notó que habían despedazau el campanariu de la ermita. Otru día encontró rota la paré del pórticu. Otro día, cuando golvía de pedir la limosna, vio que habían llevau toas las tejas del tejau. Por la marca de los pies conoció que había síu el ojáncanu.

El ermitañu hacía tiempu que había encontrau en el monte a una comadreja con una pata partía. La cogió, la llevó a la ermita y la curó con toa la paciencia.Otro día encontró a una raposa casi aterecía en la nieve. También la cogió y la llevó a la ermita onde la calentó a la lumbre y la hizo revivir con el calor. Otro día encontró a un lobu casi muertu de hambre, acostau debaju de un árbol sin poder moverse de necesidá. El ermitañu cargó con el lobu en las espaldas y le llevó a la ermita, onde le dio de comer y le quitó la necesidá.

La comadreja, la raposa y el lobo, agradecíos, se quedaban por la noche en las sus cuevas y por la mañana iban a la ermita y lambían los pies y las manos del ermitañu. Después se iban y golvían al atardecer pa golver a lamber las manos y los pies del ermitañu. Un atardecer cuando la raposa, la comadreja y ellobu llegaron a la ermita, el ermitañu no estaba allí. Por la mañana golvieron y tampocu encontraron al ermitañu.

Entonces la raposa toa entristecía contó a toas las raposas del monte que el ermitañu había desaparecíu de la ermita. El lobu también muy entristecíu se lo contó a toos los lobos. y la comadreja también se lo contó a toas las comadrejas.Se juntaron tos los lobos, toas las comadrejas y toas las raposas y corrieron por el monte pa buscar al ermitañu. Al cabu de unos cuantos días una raposa alcontró un peazu de sayal y una sandalia al pie de una lastra.

Cogió la sandalia y el peazu de sayal con los dientes y se lo enseñó a toas las sus compañeras, a tos los lobos ya toas las comadrejas que echaron a correr hacia la lastra onde la raposa había encontrau el peazu de hábitu y la sandalia. A la parte de allá de la lastra estaba la cueva del ojáncano, y los animales agradecíos barruntaron que el ermitañu estaba presu en la cueva.

La raposa que había encontrau el peazu de sayal que era la más vieja de toas, se tumbó en la braña que había delante de la lastra, haciéndose la muerta, y lo mismu hicieron toas las sus compañeras, tos los 1obos y toas las comadrejas. Toa la braña estaba sembrá de lobos, de comadrejas y de raposas que paecían muertas.

Cuando el ojáncanu abrió la puerta al ser de día y se encontró con tantu animal muertu, se rió con la su risa que paez un rute de truenu y jue cogiendo a los animales y los metió en .la cueva que era muy larga, y muy ancha, y muy oscura. El villanu los metió en la cueva pa que al descomponerse molestaran al pobre ermitañu con el olor. A un gañío que dio la raposa vieja se levantaron tos los lobos, toas las raposas y toas las comadrejas y se echaron tos encima del ojáncanu que creía que estaban muertas. Al pocu ratu el ojáncanu estaba muertu en la misma puerta.

Y como el ojáncanu era muy grande y tapaba toa la puerta y no podían arrastrale de allí, los lobos empezaron a comele hasta que quedó un huecu entre el cuellu y la cintura pa poder pasar. El ermitañu salió con tos los animales y como no podía andar de los malos tratos del ojáncanu, los lobos se ajuntaron en ringlera de derecha a la izquierda y los unos detrás de los otros y el ermitañu se acostó encima de ellos y así le llevaron hasta la ermita.






sábado, 7 de abril de 2018

Tu no Princesa, tu no...


Fue criada para triunfar, de chiquita su madre se quitaba el huevo frito del plato si hacia falta para dárselo a ella, porque la niña era una promesa de la que pendía toda la familia. No la dejaban siquiera fregar, para que sus manos no se cuartearan o endureciesen con el estropajo y el hollín. Cuando le peinaba el ensortijado pelo, su hermana mayor le predecía que se casaría con un francés, un español o un belga, con alguien de la "nobleza" monárquica o empresarial. "¡ Todos van a enamorarse de ti !" gritaba la abuela, a quien por lavar y planchar para la calle durante medio siglo, se le habían  torcido los dedos con la artritis. Ni siquiera la dejaban tener novio en el vecindario, pues ella debía preservarse para el futuro que le esperaba, para el potentado que vendría a llevársela de aquel atestado solar en la calle Zanja y de aquel país varado en el Caribe.

Un día, saliendo apenas de la adolescencia lo encontró, Era muy mayor y no pertenecía a ninguna familia acaudalada, pero tenia un pasaporte italiano. Físicamente tampoco le gustaba, aunque la sola idea de imaginarse con el en Milán hacia que su abultado abdomen cervecero no le pareciera tan grande. El aroma de la ropa nueva que le traía cada vez que viajaba a La Habana cubría también el olor a nicotina y alcohol que siempre le salia de la boca. En casa, la familia de ella estaba encantada. "La niña se nos va a vivir a Europa" decían a las vecinas y la propia madre paro en seco una conversación donde ella le contaba que su prometido de vez en cuando se ponía violento y la golpeaba. Así la empujaron hasta los Juzgados donde se oficializo el matrimonio. En las fotos de la boda, ella parecía una "Princesa", pero una "Princesa Triste".

Cuando el avión aterrizo en el invierno italiano, ya no se parecía al amable señor que 24 horas antes le había prometido a su madre que la cuidaría. La llevo al Club esa misma noche, donde ella debía trabajar sirviendo a los clientes licores y hasta su propio cuerpo. Durante meses, ella le escribió a la abuela sobre los perfumes y la comida que había probado en su nueva vida. Recreo en sus cartas y en sus llamadas telefónicas una realidad muy diferente a la que vivía. Ni una palabra de la extorsión ni el marido que se había evaporado dejándola en manos de un "jefe" al que debía obedecer. En el solar habanero, todos la hacían mimada y feliz, no podía defraudarlos.

Cuando la policía italiana desmantelo la red de prostitución en la que ella estaba atrapada, mando un breve sms a los parientes del otro lado del Atlántico, para no preocuparlos: "No podre llamarlos por varias semanas. Me voy de vacaciones a Venecia para celebrar aniversario de bodas. Los quiero a todos, LA PRINCESA".


Autor: Desconocido.




sábado, 31 de marzo de 2018

Hallerbos ( El Bosque Azul )

Hallerbos, conocido como el bosque azul, es un lugar que parece encantado como si de un cuento de hadas hubiese salido, es uno de los espacios más fotografiados de Bélgica y no es de extrañar, dada su belleza.

Hallerbos se ha convertido en un bosque de peculiar belleza. es muy especial en la ciudad belga de Halle. Empieza a notarse por fin que ya estamos en primavera, con días cada vez más largos y temperaturas que, ahora sí, comienzan a subir un poco y la propia naturaleza parece querer saludar también al buen tiempo. Lo hace de la forma más majestuosa que sabe, con las flores. con un mar de jacintos azulados y ajos de oso, los que tapizan de morado un pequeño bosque a las afueras de la ciudad que, en esta época, parece un auténtico bosque encantado, al florecer durante la estación de primavera, forman un tapiz con contrastados colores violeta y azul, hecho que le confiere el simpático y bonito aspecto único en todo el planeta.

Además, Hallerbos posee unas 552 hectáreas repartidas por todo el municipio de Halle, ubicado entre las regiones de Brabante Flamenco y Valón. Así que, durante las estaciones de primavera y verano, puedes disfrutar de la magnificencia mágica de este paisaje en pleno
corazón de la vieja Bélgica.

Hallerbos es un lugar con una larga y dilatada historia. Ya en tiempos del Mesolítico, este era un bosque carbonífero que se comenzó a fragmentar lentamente, empezando en tiempos del Imperio Romano. Este hecho dio lugar a pequeños espacios. Uno de ellos se dio a conocer como ” Zoniënwoud”, formando junto con el bosque azul la frontera del este.

No fue hasta el año 686, en el que se tiene constancia de que San Waltrudis legó el bosque azul a los dominios de la abadía del mismo nombre, ubicada en Bergen. Estas son las primeras menciones que se conocen desde la aparición de Hallerbos en el centro de lo que hoy es Europa y, más concretamente, Bélgica.

Antes del año 1200, San Waltrudis se convirtió
en noble cabildo, pero dado que no eran capaces de dirigir y proteger Hallerbos por la enorme distancia desde Bergen, decidieron dejarlo bajo el tutelaje de los nobles de Bruselas. Este hecho tuvo lugar en 1229 y ser renovó en 1239 de mutuo acuerdo, aunque se alargó durante varios siglos.

Un personaje que ha tenido mucho peso en la vida de Hallerbos es el Duque de Arenberg. En 1648, el estado de Halle lo dejó como fianza para compensarle, dado que el rey Felipe IV de España dio parte de sus tierras de Zevenbergen, en noroeste de Breda, a los alemanes según lo firmado en el Tratado de Munster.

Aun así, tras dos años, el Duque de Arenberg seguía sin recibir su pago, hecho que concluyó con la venta pública de los terrenos por parte del Rey Felipe IV en noviembre de 1652, por lo que el noble tomó posesión a través de un intermediario de Halle y dos terceras parte de
Hallerbros. En esta época, el bosque azul constaba de unas 1125 hectáreas.

Así pues, llegó una época de problemas, pues el bosque azul de Hallerbos tenía dos dueños. Por un lado estaba el Duque de Arenberg y, por otro, aún mantenía sus posesiones el cabildo de Sant Waltrudis.

Para solventar el problema de la doble posesión, se erigieron bordes y límites, separándolo en dos partes a través de la plantación de 24 piedras que
marcaban las zonas que pertenecían a cada uno. De echo, aún hoy se pueden ver estos monumentos en el bosque azul belga. Por desgracia, Hallerbos menguaba con el tiempo, perdiendo terreno en favor de las tierras de cultivo. En esta época de división, su extensión se limitaba a solo 660 hectáreas.

Posteriormente, Hallerbos ha pasado por más manos, desde las francesas, en tiempo de la
invasión provocada por Napoleón Bonaparte a finales del siglo XVIII, hasta inglesas, cuando las tropas galas fueron derrotadas en la célebre batalla de Waterloo, acabando en posesión de los holandeses poco después.

Sea como fuere la extensa historia de este maravilloso bosque azul, Hallerbos ha quedado en la memoria de todas aquellas personas que lo han visitado, dada su frondosa y colorida vegetación y su maravilloso paraje.




sábado, 24 de marzo de 2018

Leyenda de la primavera.


Hubo una época muy lejana en que la tierra solo conocía una estación, el invierno. El frío era intenso, la nieve cubría llanos y montañas y las plantas no tenían colores, eran rugosas y opacas.
Cierta vez los hombres partieron en busca de alimentos, que tanto escaseaban, y las mujeres se quedaron cuidando el fuego.
El cielo estaba oscuro, presagiaba tormenta.Y así fue, un trueno y luego, el viento y la nieve.

Los días pasaban y los hombres no regresaban. Los niños lloraban por sus padres y los abuelos por sus hijos. Las mujeres trataban de mantener la calma para no generar más malestar.Una madrugada, cuando casi todos habían perdido las esperanzas, aparecieron en el horizonte los hombres.
Extenuados, muertos de frío, ni podían contar las penurias que habían pasado en las cumbres. Pero había algo...algo que no podía dejar de contarse. No traían con ellos a Sumac, un adolescente valiente y noble, que se había perdido en las nieves.

La madre de Sumac, desesperada, corrió a la montaña mientras sus pies se enterraban en la nieve. Se escuchaba su voz llamando a su hijo, "¡Sumac, hijo! ¡Sumac!" Y así se perdió de la vista de todos.
Avanzó y avanzó hasta quedar rendida. Fue cuando entonces oyó la voz de Sumac. La desesperación agudizó su ingenio y pudo rescatar al muchacho casi helado. ¿Adonde lo llevaría?. El viento le habló, diciéndole, "Sube con tu hijo a la montaña más alta y toca el cielo".

La madre, con Sumac en brazos, ascendió de una montaña a otra, y en otra y en otra más, pero el cielo estaba siempre tan alto... El viento insistía: "Sube con tu hijo a la montaña más alta y toca el cielo". De pronto, un remolino la envolvió dejándola en la cumbre de un cerro altísimo. La mujer, cayendo de agotamiento, tocó las nubes que se abrieron como una gran cortina. Un trozo de cielo del más puro celeste se fue agrandando.

De él brotaron los rayos de un sol radiante, y deslizándose por ellos salieron pájaros que poblaron la tierra de trinos y aleteos, mariposas multicolores llegaron hasta las plantas en busca de flores que acababan de nacer...El viento se transformó en suave y tibia brisa, se deshizo la nieve y el agua cristalina corrió en cascadas juguetonas.

Sumac volvía a la vida mientras su madre alzaba los brazos al cielo agradeciendo a Inti, el Dios de sus antepasados, el milagro de la primavera que nacía. Cuentan que desde entonces después del invierno llega la primavera como madre amorosa, para poner su nota de calor, belleza y colores en los campos helados de la tierra.



Autor: Desconocido.




sábado, 17 de marzo de 2018

Hada.

Siempre te gusto esta leyenda mago (Karras), por eso hoy la vuelvo a publicar deseándote una pronta recuperación y que pronto podamos seguir disfrutando de tus bonitas letras y magnificas imágenes, y como no, de reírnos juntos como lo hemos echo muchas veces, que te quiero mucho mi querido mago, un montón de besotes :)

Todo el mundo la llama "la mendiga de las hojas", porque en cuanto llega el otoño y los arboles comienzan a quedarse desnudos, se la puede ver por parques y calles recogiéndolas, acunándolas y repitiendo a veces en susurros apagados, a veces a gritos y otras incluso canturreando:

- ¿ Que hoja va con cada árbol ? ¿ De que árbol cayo esta hoja ? ¿ Y esta otra ? ¿ Y aquella de mas allá ? ¿ Que hoja va con cada árbol ? ¿ De que árbol cayo esta hoja ?

Y anda entre los montones de hojas amarillas, con los pies bien hundidos en ellas, haciéndolas crujir bajo sus plantas sintiendo su caricia en los tobillos, las recoge, las observa con detenimiento -por el envés y por el revés- las huele incluso, luego corre de árbol en árbol, mira la hoja de color ocre, mira el árbol, vuelve a mirar la hoja según crea que ha acertado o no, se aproxima con los brazos llenos de hojas a los Álamos, a las Acacias, a los Castaños, a los Arces y habla con ellos:

- Esta, esta es tuya, lo se ¿ ves ?, aun puedo reconocerlas, y las acuna como si de un bebe se tratara y sigue hablando con el árbol.

- Si, si, llego el momento de dejarlas volar ¿ verdad ?. Si, si, es la hora de que bailen con el viento.

 Y girando y danzando suelta las hojas y las entrega al primer torbellino loco que sople en ese momento, luego continua con sus andanzas por parques y calles tras las hojas amarillas y rojas, hablando con los arboles, inclinando la cabeza como si les escuchara, asintiendo o negando, riendo o llorando, como si ellos le hablaran y le contaran sus secretos.

Cuenta su historia a quien quiera escucharla aunque nadie la cree, ¿ quien puede creer las fantasías que dicen los locos ?

Cuenta que es un hada y que se ha quedado atorada a medio camino entre su mundo y el nuestro por culpa del amor. Cuenta que allá en su mundo ayudaba con los preparativos otoñales, que reunía a las nubes como si fueran un rebaño de ovejas y las pastoreaba hasta los lugares en donde debían dejar caer la lluvia, que cabalgaba sobre la espalda del viento y le ayudaba a arrastrar las hojas caídas y las que estaban por caer, que llevaba un cuidadoso inventario de cada hoja que caía y por eso sabia reconocer perfectamente a que árbol pertenecía cada una. Y cuenta que un día cometió dos errores muy, muy graves:

El primer error fue enamorarse, porque a un hada enamorada se le debilitan los poderes. Su segundo error fue aun mas grave, enamorarse de un mortal, porque los mortales son incapaces de comprender a las hadas y acaban siempre rompiéndoles el corazón. Sus hermanas se lo avisaron. Su reina se lo advirtió. Todos en el reino de las hadas intentaron aconsejarla, pero el amor ya se sabe, no entiende de consejos y advertencias.

Cuenta que ella decidió seguir a su amor mortal hasta su mundo mortal, sus ojos brillan y sus labios sonríen al contar que durante un tiempo hasta se creyó feliz, y sus ojos se llenan de nubes tormentosas cuando narra como poco a poco todo se fue hundiendo lentamente, ahogado por la realidad que la rodeaba. El no la comprendía, el no aceptaba sus poderes, ni sus costumbres, ni nada de nada, quería transformarla en una mujer y que dejara de ser un hada. Y aunque ella lo intento con todas sus fuerzas, nunca lo consiguió...no del todo. Y un día finalmente, el la dejo abandonada y sola en este mundo.

Y cuenta que quiso volver al reino de las hadas pero ya no pudo, su tiempo entre mortales la había debilitado y solo consiguió llegar hasta la mitad del camino, y así vive desde entonces, a medias entre este mundo y el suyo, sin pertenecer del todo a este ni poder regresar del todo al suyo, de modo que aquí era una loca y allá era casi una sombra. Si, ella cuenta su historia a quien quiera escucharla pero es evidente que nadie puede creer las fantasías que cuentan los locos y sin embargo...

Sin embargo corre el rumor de que en noches despejadas de luna llena, te puedes encontrar a la "mendiga de las hojas" bailando y lanzando las hojas al aire, que hay momentos en que su sucia cara parece irradiar luz, que sus bastas ropas parecen hechas de finas telas y que el ajado fular de tul que cuelga siempre sobre su espalda parecen unas titilantes alas de hada.

Pero sea o no verdad, resulta imposible no emocionarse cuando ves a la "mendiga de hojas" mientras susurra sin descanso:

- ¿ Que hoja va con cada árbol ? ¿ De que árbol cayo esta hoja ? ¿ Y esta otra ? ¿ Y aquella de mas allá ? ¿ Que hoja va con cada árbol ? ¿ De que árbol cayo esta hoja ?.....



Autor: Dolores Espinosa.




sábado, 10 de marzo de 2018

Cuerpo de mujer.


Una noche de verano un chino llamado Yang despertó de pronto a causa del insoportable calor. Tumbado boca abajo, la cabeza entre las manos, se había entregado a hilvanar fogosas fantasías cuando se percató de que había un pulga avanzando por el borde de la cama. En la penumbra de la habitación la vio arrastrar su diminuto lomo fulgurando como polvo de plata rumbo al hombro de su mujer que dormía a su lado. Desnuda, yacía profundamente dormida, y oyó que respiraba dulcemente, la cabeza y el cuerpo vueltos hacia su lado.

Observando el avance indolente de la pulga, Yang reflexionó sobre la realidad de aquellas criaturas. "Una pulga necesita una hora para llegar a un sitio que está a dos o tres pasos nuestros, aparte de que todo su espacio se reduce a una cama. Muy tediosa sería mi vida de haber nacido pulga..."

Dominado por estos pensamientos, su conciencia se empezó a oscurecer lentamente y, sin darse cuenta, acabó hundiéndose en el profundo abismo de un extraño trance que no era ni sueño ni realidad. Imperceptiblemente, justo cuando se sintió despierto, vio, asombrado, que su alma había penetrado el cuerpo de la pulga que durante todo aquel tiempo avanzaba sin prisa por la cama, guiada por un acre olor a sudor. Aquello, en cambio, no era lo único que lo confundía, pese a ser una situación tan misteriosa que no conseguía salir de su asombro.

En el camino se alzaba una encumbrada montaña cuya forma más o menos redondeada aparecía suspendida de su cima como una estalactita, alzándose más allá de la vista y descendiendo hacia la cama donde se encontraba. La base medio redonda de la montaña, contigua a la cama, tenía el aspecto de una granada tan encendida que daba la impresión de contener fuego almacenado en su seno. Salvo esta base, el resto de la armoniosa montaña era blancuzco, compuesto de la masa nívea de una sustancia grasa, tierna y pulida. La vasta superficie de la montaña bañada en luz despedía un lustre ligeramente ambarino que se curvaba hacia el cielo como un arco de belleza exquisita, a la par que su ladera oscura refulgía como una nieve azulada bajo la luz de la luna.

Los ojos abiertos de par en par, Yang fijó la mirada atónita en aquella montaña de inusitada belleza. Pero cuál no sería su asombro al comprobar que la montaña era uno de los pechos de su mujer. Poniendo a un lado el amor, el odio y el deseo carnal, Yang contempló aquel pecho enorme que parecía una montaña de marfil. En el colmo de la admiración permaneció un largo rato petrificado y como aturdido ante aquella imagen irresistible, ajeno por completo al acre olor a sudor. No se había dado cuenta, hasta volverse una pulga, de la belleza aparente de su mujer. Tampoco se puede limitar un hombre de temperamento artístico a la belleza aparente de una mujer y contemplarla azorado como hizo la pulga.


Autor: Ryunosuke Akutagawa.




sábado, 3 de marzo de 2018

La Rosa Blanca.


En un jardín de matorrales, entre hierbas y maleza, apareció como salida de la nada una rosa blanca. Era blanca como la nieve, sus pétalos parecían de terciopelo y el rocío de la mañana brillaba sobre sus hojas como cristales resplandecientes. Ella no podía verse, por eso no sabía lo bonita que era. Por ello pasó los pocos días que fue flor hasta que empezó a marchitarse sin saber que a su alrededor todos estaban pendientes de ella y de su perfección, su perfume, la suavidad de sus pétalos, su armonía. No se daba cuenta de que todo el que la veía tenia elogios hacia ella. Las malas hierbas que la envolvían estaban fascinadas con su belleza y vivían hechizadas por su aroma y elegancia.

Un día de mucho sol y calor, una muchacha paseaba por el jardín pensando cuántas cosas bonitas nos regala la madre tierra, cuando de pronto vio una rosa blanca en una parte olvidada del jardín, que empezaba a marchitarse.

–Hace días que no llueve, pensó – si se queda aquí mañana ya estará mustia. La llevaré a casa y la pondré en aquel jarrón tan bonito que me regalaron.

Y así lo hizo. Con todo su amor puso la rosa marchita en agua, en un lindo jarrón de cristal de colores, y lo acercó a la ventana.- La dejaré aquí, pensó –porque así le llegará la luz del sol. Lo que la joven no sabía es que su reflejo en la ventana mostraba a la rosa un retrato de ella misma que jamás había llegado a conocer.

-¿Esta soy yo? Pensó. Poco a poco sus hojas inclinadas hacia el suelo se fueron enderezando y miraban de nuevo hacia el sol y así, lentamente, fue recuperando su estilizada silueta. Cuando ya estuvo totalmente restablecida vio, mirándose al cristal, que era una hermosa flor, y pensó: ¡¡Vaya!! Hasta ahora no me he dado cuenta de quién era, ¿cómo he podido estar tan ciega?

La rosa descubrió que había pasado sus días sin apreciar su belleza. Sin mirarse bien a sí misma para saber quién era en realidad. Si quieres saber quién eres de verdad, olvida lo que ves a tu alrededor y mira siempre en tu corazón.



Autor: Rosa María Roé




sábado, 24 de febrero de 2018

La Venganza de la Estatua. ( Leyenda de Toledo )


Cuando el ejército napoleónico se apoderó de Toledo, gran cantidad de tropas fue alojada en cuarteles, palacios e iglesias. A un grupo de dragones, con su capitán al mando, le correspondió aposentarse en la iglesia de S. Pedro Mártir. En esta iglesia, como en otras muchas, había varios enterramientos de personalidades que, por algún favor hecho a la iglesia, normalmente de tipo económico, adquirían ese derecho.

Cuando llegaron era noche cerrada, la iglesia estaba prácticamente desmantelada por la acción de otras tropas que antes se habían alojado allí. Hasta las puertas habían desaparecido en las hogueras encendidas en el centro de la iglesia para hacer frente al frío invierno toledano. Acomodaron a los caballos, se buscaron un hueco donde poner el jergón, y poco a poco, todos se fueron durmiendo.
A la mañana siguiente, el joven capitán se dirigió a la plaza de Zocodover y allí se reunió con otros oficiales. Se preguntaban unos a otros por el alojamiento y qué tal habían pasado la noche. El capitán de dragones comentó que había pasado mucho frío pero que la presencia de una bella dama le había hecho más llevadera la noche. Sus compañeros no lo podían creer. ¡No llevaba en la ciudad ni un día y ya había tenido una aventura amorosa! Le pidieron más información sobre lo sucedido y éste les contó que se había despertado en la noche debido al frío y al toque de una campana de la Catedral. Cuando estaba intentando conciliar el sueño de nuevo, vio, gracias a un tenue rayo de Luna, a una dama arrodillada en un lateral de la iglesia: era una joven bellísima, de aire reposado y noble, con su blanco traje que armonizaba perfectamente con su pálida piel.

Uno de los compañeros, mientras los demás reían y hacían gestos indicando que el capitán estaba loco, le preguntó si había hablado con ella. El capitán les dijo que no lo había intentado porque sabía que no le hubiera oído, ni hablado, ni visto. Preguntaron los otros, en medio de las risas, si es que era sorda o muda o ciega. Las tres cosas a la vez, dijo el capitán, porque es una estatua.
El capitán les invitó a ir esa noche a su aposento a tomar unos vinos que había traído de Francia, y, de paso, les presentaría a su enamorada.

Ya hacía unas horas que había anochecido cuando los oficiales amigos del capitán se presentaron en S. Pedro Mártir. El dragón les llevó al centro de la iglesia donde una fogata ardía con los restos de coro, bella obra de arte que se consumía para dar calor al ejercito invasor. Bebieron un poco y luego el capitán les llevó a ver la estatua. Les dijo que ya había conseguido saber quien era por las inscripciones en latín que había en la tumba. Era Doña Elvira de Castañeda, mujer que debió ser muy bella a juzgar por su representación en piedra.

Junto a ella estaba, también arrodillada en actitud de oración, la estatua de su marido, D. Pedro López de Ayala, noble y militar que había luchado en las guerras de Italia junto al Gran Capitán. Todos coincidieron en que era muy bella, pero que no dejaba de ser una estatua. Pero el capitán se puso a hablar con la del marido diciendo que le odiaba, no por ser uno de los que había derrotado a sus compatriotas en Italia sino por ser el marido de tan linda dama. Los demás decidieron que ya estaba bien de estatuas y se lo llevaron de nuevo junto al fuego para seguir bebiendo. Así estuvieron un rato bebiendo y hablando y riendo.

De pronto, el enamorado se levantó con su copa llena de vino y dijo que iba a brindar por su dama. Los demás siguieron en su sitio sin hacerle mucho caso. El capitán se acercó a las estatuas y dirigiéndose a la de D. Pedro le dijo que brindaba por su emperador Napoleón ya que gracias a él había podido venir a Toledo a cortejar a su dama. Bebió un sorbo y el resto lo arrojó a la cara del marido.

Luego, a voces, dijo a todos que iba a dar un beso a Doña Elvira. Sus compañeros le gritaron que dejara en paz a los muertos. Él dijo que si no la besaba no se quedaría contento. Inmediatamente los compañeros oyeron un desgarrador grito, se levantaron y se dirigieron al lugar.

Se encontraron al capitán muerto, con la cara destrozada y observaron que el guantelete de la armadura de D. Pedro estaba lleno de sangre. El marido, ante la ofensa que el capitán le quiso hacer, le había dado un golpe en la cara con su mano de mármol causándole la muerte.







sábado, 17 de febrero de 2018

Leyenda del Atrapasueños.


Hace mucho tiempo, cuando el mundo era joven, un viejo líder espiritual Lakota estaba meditando en una alta montaña cuando tuvo una visión. En esta visión, Iktomi, el gran maestro bromista de la sabiduría, apareció con la forma de una araña.

Iktomi le habló en un lenguaje sagrado, que sólo los líderes espirituales de los Lakotas podían entender. Mientras le hablaba, la araña cogió un trozo del sauce más viejo que había, le dio forma redonda y con algunas plumas, pelos de caballo y adornos de cuentas, comenzó a tejer una telaraña.

Y mientras lo hacía, el hablaban acerca de los círculos de la vida, de cómo evolucionamos a través del tiempo, desde que nacemos hasta que envejecemos, hasta que el círculo se cierra. Entonces, Iktomi dijo mientras continuaba tejiendo su red:

- " En cada tiempo de la vida hay muchas fuerzas, algunas buenas, otras malas. Si te encuentras con las buenas fuerzas, ellas te guiarán en la dirección correcta. Pero si tú escuchas a las fuerzas malas, ellas te lastimarán y te guiarán en la dirección equivocada ".

Y continuaba expresando: "Hay muchas fuerzas y diferentes direcciones, que pueden ayudar a interferir con la armonía de la naturaleza. También con el gran espíritu y sus maravillosas enseñanzas".

Mientras la araña hablaba, continuaba entretejiendo su telaraña, empezando de afuera y trabajando hacia el centro. Cuando Iktomi terminó de hablar, le entregó al anciano Lakota la red y le dijo:

-¿Ves? La telaraña es un círculo perfecto, pero en el centro hay un agujero. Usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas, sueños y visiones de los demás. Si tú crees en el gran espíritu, la telaraña atrapará tus buenas ideas y las malas se irán por el agujero.

El anciano Lakota, le pasó su visión a su gente, y los indios Sioux usaron el atrapasueños como la red de su vida. Éste se colgaba encima de la cama para escudriñar los sueños y visiones. Lo bueno de sus sueños era capturado en la telaraña de vida y enviado con ellos, lo malo de sus sueños escapaba a través del agujero en el centro de la red. Ellos creían que el atrapasueños sostenía el futuro de su destino.



Como la vieja leyenda dice, los atrapasueños ayudan a mantener los buenos pensamientos durante los sueños y a deshacerse de las pesadillas. Sólo tienes que colocarlo en el lugar donde duermas a poder ser permitiendo que las plumas se puedan mover. Si los malos sueños no te permitían dormir, ya has encontrado la solución...





sábado, 10 de febrero de 2018

El rey Elfo ( Leyenda Irlandesa )


Un precioso relato irlandés nos describe las colinas en las que vivía un rey elfo.

Hace muchos años un rey elfo se quedó prendado de la joven Ethna, según decían todos la muchacha más hermosa de la tierra. La muchacha vivía feliz en Irlanda, donde preparaba con ilusión su boda con un elegante noble. Todos los amigos y conocidos de la joven acudieron a la fiesta que celebraron la noche de su boda y contaron que ella y su marido bailaban en el salón regalándose tiernas miradas. La casa estaba adornada con guirnaldas de colores y miles de luces iluminaban el salón. Ethna sonreía a su marido mientras bailaba, pero de pronto, un torpe traspiés dio con la joven al suelo. Se formó un gran revuelo y todos rodearon a la novia, pero ésta no volvía en sí. Su marido, muy preocupado, la tomó en sus brazos y se la llevó a su alcoba, donde pasó toda la noche poniéndole paños mojados en su frente.

A la mañana siguiente, con el primer rayo de sol, la joven despertó.
- ¡Qué extraño sueño he tenido! Vivía en un hermoso palacio donde era muy, muy feliz. Muchas personas me rodeaban y yo era la dama de un importante rey.
Ethna intentó levantarse, pero no pudo. Intentó hablar, pero tampoco pudo. Ante los ojos atónitos del marido cayó en un profundo trance del que nadie lograba despertarla.
Su marido llamó a los mejores médicos y pronto acudieron a su alcoba, pero ninguno consiguió dar con la cura. La joven respiraba bien, incluso parecía en paz, pero nunca despertaba.
Una noche, en un descuido del marido, Ethna desapareció. El joven noble estaba como loco y no paraba de viajar buscándola por todas partes. Un mes después de su desaparición, camino de un pueblo cercano en el que se decía que había un bosque milagroso, escuchó un rumor entre las hojas:

- Finvarra parece que ha encontrado pareja. Dicen que ha raptado a la joven mortal más hermosa que ha encontrado y que sólo ha dejado su cuerpo. Si su marido supiera que podría liberarla cavando la tierra hacia el interior hasta dar con el palacio de Finvarra, que se esconde en el interior de esta colina, seguro que Finvarra no estaría tan contento como está.

El marido no podía caber en sí de gozo. Regresó a casa y llamó a algunos amigos suyos. Les contó lo que había oído y les pidió que le ayudaran a rescatar a su esposa. Una hora después cinco hombres cavaban la tierra hasta hacer un enorme agujero. Luego llegó la noche, y el cansancio, y tuvieron que dejarlo para continuar a la mañana siguiente. Pero la mañana guardaba una sorpresa: la tierra estaba intacta, como si nunca hubieran cavado. De nuevo empezaron los cinco amigos a cavar, y de nuevo llegó la noche, y el cansancio, y descansaron. A la mañana siguiente la tierra volvía a estar intacta, como si nunca nadie hubiera cavado. Todos estaban desanimados, y el marido más triste que ninguno, ¿para qué cavar si no servía de nada? Agotados por el esfuerzo se echaron sobre la hierba para descansar. Un rumor sonó de nuevo entre las hojas:

- Finvarra es muy poderoso y puede volver la tierra a su sitio. Pero la sal es aún más poderosa que Finvarra. Y el noble tuvo una idea. Pidió a sus amigos que le dieran una nueva oportunidad, y todos cavaron hasta el atardecer. Cuando empezaba a anochecer descansaron y el joven echó sal sobre el agujero. A la mañana siguiente todo estaba como lo habían dejado, con un agujero en la tierra. Esto les alegró y les animó a seguir cavando todo el día. Tres días enteros estuvieron cavando, y cada noche echaban sal. Al cuarto día uno de ellos gritaba:
- Escucha, aquí ya no hay tierra, golpeo con mi pala y suena como si retumbara, creo que estamos a punto de llegar a su castillo.
En ese momento una voz grave rugió en la colina, aunque ninguno pudo ver de dónde salía la voz.
- Deteneos, coged vuestras palas y volved a vuestras casas. Os prometo que si no continuáis cavando, esta noche Ethna regresará a su casa.

Los hombres asintieron. Sabían que Finvarra les decía la verdad, porque si una pala humana tocaba con su hierro el palacio, éste se destruiría.
Todos esperaban que oscureciera. Cuando se puso por fin el último rayo de sol vieron a lo lejos que se aproximaba un caballo. Era Ethna, más hermosa que nunca, más radiante aún que la noche de su boda. Su marido la abrazaba y la besaba, pero Ethna no hablaba, y el joven pensó que sería del cansancio. Pasaron los días, y los meses, y hasta un año, y Ethna seguía sin hablar.
Un año y un día después de su regreso, cuando los dos paseaban alegres por el campo, el marido escuchaba un nuevo rumor: Finvarra devolvió a la muchacha, pero se quedó su corazón. En su vestido oculta un pasador encantado que la une todavía a Finvarra. Si logran encontrar el pasador, desatarlo, prenderle fuego y arrojar las cenizas ante su puerta, se romperá el encantamiento y Ethna volverá a ser de nuevo mortal.

Y así lo hizo. Cuando se hizo de noche y su mujer dormía, miró el vestido de su mujer y encontró escondido entre sus pliegues un hermoso pasador de oro. Le quitó el pasador, le prendió fuego y arrojó las cenizas ante su puerta. A la mañana siguiente la hermosa Ethna despertó, sonrió a su marido y le dijo:
- Me siento como si hubiera dormido durante muchísimos meses.
- ¿Estás bien? - le preguntó su marido.
- Sí, ¿por qué me miras así de extrañado?
Había olvidado todo lo que había vivido en el otro mundo. Cuentan que Ethna y su marido siempre fueron felices y que nunca más Ethna volvió a sufrir nada extraño.


Autor: Desconocido.