sábado, 20 de junio de 2026

Una calle en silencio.

Tuvo la extraña sensación de conocer ya aquel pueblo en el que jamás había estado. Quizá eran sus calles angostas, empinadas y empedradas, bordeadas de casas grises con balcones vacíos. Tal vez porque la plaza tenía un kiosco como tantos otros, rodeado de árboles, y una fuente seca junto al monumento. Probablemente fue por la gente paseando en círculos por el centro, saludándose sin detenerse porque nada tenían que decirse o ya lo habían hecho. O fue por la melancolía de la tarde, cuando el ocaso anuncia el pronto descanso; o porque comenzaron a dibujarse sombras y éstas le trajeron recuerdos. Pero sintió que conocía el pueblo, si bien era la primera vez que lo visitaba y de ello estaba muy seguro.

Supo que era por aquella calle, una en la que sonaba el silencio. Lo leyó en los árboles tristes, las casas viejas con abolengo, la hiedra que cubría las paredes y en la sensación de un recuerdo. Se detuvo ante una puerta y dejó volar sus pensamientos. Se parecía la entrada, con tres escalones, una reja forjada y una imagen de algún santo. Se parecía a otra casa, a una casi borrada en su mente, aunque no había olvidado lo que hubo dentro. Y se parecía a otras, a miles en calles con árboles y silencio.

Observó la ventana y la cortina que se separaba. Vio durante segundos unos ojos y luego volvió a su estado el velo.

Se apoyó en un árbol, encendió un cigarrillo y lanzó el humo al viento. Un nudo le tapó la garganta y algo se le movió en el cuerpo. Era como aquélla la casa de sus recuerdos. Así como la cortina y los ojos. Y en la sala había un piano, cuadros rancios en las paredes y un gato dormilón en las rodillas del anciano. Y ella en la ventana, espiando sus movimientos, aguardando verle en el árbol, con el cigarrillo encendido y la sonrisa en los labios. Luego salía al porche y ambos se sentaban en los sillones de mimbre, oliendo el azahar de la tarde, escuchando el murmullo de la brisa, leyendo sus pensamientos.

Así fue aquella tarde sin mañana, cuando el ocaso se tiñó de luto y el llanto empañó sus ojos. Se cerró para siempre la cortina, él olvidó el camino y esperó que el tiempo borrase sus recuerdos. Pero regresaba en cada pueblo, en cada calle en silencio, en cada pared con hiedra, en cada árbol gris de la tarde, en cada crepúsculo melancólico.

Se abrió la puerta y la mujer salió al porche. Se sentó en el banco ornado de azulejos. Miró hacia el árbol, el hombre y lo que había a lo lejos. Él subió los tres peldaños y apoyó la espalda en la pared. Observó a la mujer, sin verle ni el rostro o el cuerpo. Intentó ver en ella a otra, como mimbre en los azulejos.

—¿Tiene un piano en la sala? —preguntó en tono quedo.

—No —dijo ella con una sonrisa para forasteros.

—¿Y cuadros viejos en las paredes, un gato y un abuelo?

—No —respondió ella, perpleja—, no tengo nada de eso. Vivo con mi hermana y su esposo.

Ella sonreía invitante, deseosa de conversación. El atardecer motivaba a un rato en el porche, incluso al lado de un forastero.

Él descendió los escalones y encaminó sus pasos por la calle, dentro del silencio. No, no conocía aquel pueblo, ni la calle sombría, ni la hiedra sobre los muros de piedra, ni el kiosco y la fuente seca. Se parecía a uno de sus recuerdos, a uno al que sólo volvería en sueños.


Autor: Erlantz Gamboa. 


13 comentarios:

  1. Felicidades al autor un texto impresionante mantiene esa tensión hasta el final
    Gracias por compartirlo.
    Un besote y muy feliz fin de semana 😘😘

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  2. Muchas veces la mente nos hace ver lo que nos gustaría y no lo que hay en realidad. Es un texto muy bueno.
    Gracias por traérnoslo.
    Un abrazo

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  3. Una historia conmovedora, una pena que él no estuviera dispuesto a conocer a esta nueva mujer, un abrazo Pili!

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  4. Una historia emocionante.
    Es un texto muy bello.
    Un beso.

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  5. Una historia inspiradora...Aquel hombre volvió en busca de su pasado, quizá en busca de sus padres, pero no encontró lo que buscaba y los recuerdos estaban ahí, doliendo dentro...A veces hay que volver antes de que el tiempo lo borre todo...Precioso, Pilar.
    Mi abrazo entrañable siempre.

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  6. Como siempre querida amiga , nos dejas con una historia bella , intrigante o emocionante .
    La e hoy es una de ellas.

    Como dice Campirela nos mantiene la tensión hasta el final.

    Un beso .
    Gracias .

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  7. Suele pasar que veas lo que quieres y no lo que es.
    Feliz semana y un abrazooo.

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  8. El cerebro en su busca de recuerdos, nos traslada a lugares que creemos conocer.
    Muy bueno.
    Un abrazo.

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  9. Preciosa historia, a veces nuestros sueños derivan de una dimensión paralela.
    Muchos besos.

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  10. Hola Pili bonita como estas??

    Pues si,ahora ando mas relajada,ya sin agobio de estudiar ni nada porque eso ya me lo he sacado de encima,pero toca lo mas duro: Encontrar un trabajo.
    Llevo semanas buscando,pero me pondre a tope ahora con la busqueda de empleo en persona,asi me ven la cara.
    Ojala hubiera suerte.

    ¿Tu semana como va?

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  11. Hola, Piruja.
    Bonito relato de Gamboa.
    Feliz fin de semana.
    Te invito también a pasear por mi espacio (siguen sin actualizarse mis entradas)
    Un beso.

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  12. Muy bonito relato Piruja. Muchos besos.

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