sábado, 18 de enero de 2020

Las tres fechas de Bécquer...


En algunas placas colgadas en las esquinas de las callejuelas toledanas se destaca el dibujo de una hoja de los naranjos, los amantes del Toledo mágico saben descifrar su símbolo, un vivo recuerdo a Gustavo Adolfo Bécquer, a las leyendas toledanas que relató.

Se encontraba el poeta paseando un día por la plaza de Santo Domingo El Real, cuando vio como las cortinillas de una de las ventanas se levantaban para volver a caer con rapidez, ocultando a sus ojos la persona que le miraba. Bécquer volvió a pasar otra tarde y nuevamente ocurrió el mismo hecho, pero no pudo distinguir a nadie en concreto; sin embargo, su sensibilidad como poeta, no le dejo duda que se trataba de una bella mujer, que la conocía y que ella quería expresarle algo... Aquel día sacó su lápiz y apuntó en su cuaderno lo que llamo “ la primera fecha”.

Pasados unos meses, Bécquer vuelve a Toledo, y en otra de sus salidas por esta parte de la ciudad, estando dibujando la portada del viejo convento, creyó ver que desde la misma ventana, una blanca y juvenil mano le saludaba, sin que pudiera percibir rostro alguno. Nuestro poeta espero durante algún tiempo para ver si se repetía el suceso pero ya no volvió a ver aquella misteriosa mano.

Llegó la hora en que tenia que partir hacia Madrid, donde residía, pero antes de guardar sus dibujos apuntó en su cuaderno esta “segunda fecha”

Pasó un año hasta que el poeta volvió nuevamente a esta plaza sin que se le hubieran borrado del todo aquellos recuerdos. Llegándose, le pareció oír las notas de un órgano y los cantos religiosos de voces femeninas que salían del convento.

Preguntó a un mendigo que se hallaba junto a la puerta qué se celebraba ahí, y éste le contestó que se trataba de una toma de hábitos para una novicia.

Entrigado Bécquer por ver el desarrollo de este ritual, entró en la iglesia y vio como los sacerdotes envueltos en el incienso se dirigían al fondo del templo donde se hallaba la virgen que iba a ser consagrada ese día con Dios.

Vio como la abadesa, en una acto ceremonial, cortó a la joven el largo cabello que tenía, le quitó las joyas que llevaba y la desnudó de su traje ordinario para ponerle el hábito, vio también como la joven se tumbaba boca abajo en el suelo y se la cubría con pétalos de flores en medio del sonido de una triste melodía.

Acabado el rito, se abrió una puerta dentro del coro por donde la nueva esposa de Dios entró hacia la clausura; en ese momento el poeta pudo ver su rostro y se dio cuenta que él conocía a aquella muchacha sin haberla visto nunca, era la mujer de la mano blanca que le saludaba desde las ventanas del convento.

Quiso gritar para expresar sus sentimientos, pero no pudo. En aquel mismo instante se cerraba para siempre la puerta claustral.

Pregunta con impaciencia a una viejecita quién era la muchacha... y ésta le dijo que se trataba de una joven que se encontraba sola en el mundo tras la muerte de sus padres y, viéndola así, el deán de la catedral, le ofreció una dote para que pudiera tomar el velo.

Cuando nuestro poeta le pregunta donde vivía esa mujer, no pudo contener sus sentimientos al saber que era aquella casa donde vio por primera vez levantarse y caerse las cortinas de la ventana.

Esta es “La tercera fecha” de Bécquer, que nunca fue escrita porque el poeta la llevó en un sitio donde no se borraría jamás, donde nadie más la puede leer, en su corazón.




Nouaman Aouraghe - "HUELLAS, Viaje por el Toledo de las leyendas".




sábado, 11 de enero de 2020

Marpiyawin y los Lobos.


Los sioux eran una tribu viajera, iban de campamento en campamento, a lo largo del año. Se sentían a gusto en cada nuevo lugar pues no se mudaban a sitios extraños, sino que conocían bien todos los mejores lugares para establecer sus aldeas. Alzar y bajar los tipis era una tarea fácil a la cual estaban acostumbrados y que realizaban con gran rapidez. Cuando escaseaba la pastura para los caballos, cuando la caza se alejaba, cuando el agua de un arroyo era más abundante en otro sitio o cuando llegaba el invierno, los sioux movían sus campamentos.

Un día, la aldea entera estaba en marcha muchas mujeres y niños formaban la partida. Numerosos caballos de carga acarreaban los tipis y enseres; los hombres cuidaban los caballos de guerra y de caza, todos avanzaban. Entre ellos, iba una joven con un perrito. El cachorro era juguetón y ella lo quería mucho, pues lo había cuidado desde recién nacido, cuando aún no abría los ojos. El camino se le hacia corto pues el cachorro jugaba con ella y los demás muchachos.

Cuando oscureció, vio que el perro no estaba. Lo buscó en el campamento y vio que nadie lo tenía. Lo llamó. "Tal vez se habrá ido con los lobos, como otros perros de la aldea, y regresará pronto. Tal vez volvió al viejo campamento", pensó la muchacha recordando las costumbres de los demás perros de la aldea.

Sin decir ni una palabra a nadie, regresó a buscarlo. No había riesgo de perderse, conocía bien el camino. Volvió hasta donde quedaban las huellas del campamento de verano, allí durmió. Esa noche cayó la primera nevada de otoño sin despertarla. A la mañana siguiente, reanudó la búsqueda.

Esa tarde nevó más fuerte y Marpiyawin se vio obligada a refugiarse en una cueva. Estaba muyoscura, pero la protegía del frío. En su bolsa llevaba wasna, carne de búfalo prensada con cerezas semejante al queso seco, y no tendría hambre.

La muchacha durmió y en sueños tuvo una visión: los lobos le hablaban y ella les entendía; cuando ella les dirigía la palabra, también parecían comprenderla. Le prometieron que con ellos no pasaría hambre ni frío. Al despertar, se vio rodeada de lobos pero no se asustó.

Varios días duró la tempestad y los lobos le llevaban conejos tiernos para que comiera; de noche, se acostaban junto a ella para calentarla. Al poco tiempo eran ya muy amigos.

Cuando la nevada escampó los lobos se ofrecieron a llevarla a la aldea de invierno. Atravesaron valles y arroyos, cruzaron ríos y subieron y bajaron montañas hasta llegar al campamento donde estaba su gente. Allí Marpiyawin se despidió de sus amigos. A pesar de la alegría que sentía de volver con los suyos, se entristecía de dejar a los lobos. Cuando se separaron, los animales le pidieron que les llevara carne grasosa a lo alto de la montaña. Contenta, ella prometió volver y se dirigió al campamento.

Cuando Marpiyawin se acercó a la aldea, percibió un olor muy desagradable. ¿Qué sería? Era el olor de la gente. Por primera vez se daba cuenta de cuán distintos son el olor de los animales y el de las personas. Así supo cómo rastrean los animales a los hombres y por qué su olor les molesta. Había pasado tanto tiempo con los lobos que había perdido su olor humano.

Los habitantes de la aldea se pusieron felices al verla, pensaban que la había secuestrado alguna tribu enemiga. Ella contó su historia y señaló a los lobos, apenas se veían sus siluetas dibujadas contra el cielo, en lo alto de la montaña.

-Son mis salvadores -les dijo, gracias a ellos estoy viva.

La gente no supo qué pensar. Todos le dieron carne para que la ofreciera a los lobos. Estaban tan contentos y sorprendidos que mandaron un mensajero a cada tipi, para avisar que Marpiyawin había regresado y para pedir carne para sus salvadores.

La muchacha llevó la comida a los lobos; durante los meses de crudo invierno alimentó a sus amigos. Nunca olvidó su lengua y, a veces, los gritos de los lobos que la llamaban se oían por toda la aldea. Se hizo vieja, los demás le preguntaban lo que querían decir los lobos. Así, sabían si se acercaba una nevada o si merodeaba algún enemigo. Fue así como se le dio a Marpiyawin el sobrenombre de "Wiyanwan si kma ni tu ompiti": la vieja que vivió con los lobos.


Autor: Desconocido.




sábado, 4 de enero de 2020

El Espíritu del Sauce.


En el jardín de un rico samurái en Kioto, crecía un magnífico sauce llorón, de bellas ramas gris-plata. Pero el samurái no sentía simpatía por el sauce, porque estaba convencido de que le traía desgracia, según la opinión de muchos japoneses, tanto que un día decidió derribarlo. Comunicó sus propósitos a un vecino, el noble samurái Inabata.

-No lo derribes-dijo Inabata. Sé cierto que los sauces suelen ser la prisión de algún espíritu. Es un árbol magnifico. Dámelo que lo plantaré en mi jardín.

El otro accedió. Inabata hizo transportar la planta a su jardin,  allí lo trasplanto y cuidó con esmero. Lo regaba él mismo, lo preservaba con una pantalla de hojas, del ardiente sol estival y de las intemperies invernales, y pasaba buena parte de su tiempo contemplándolo con amor.

Una mañana, al bajar como solía al jardín para visitar el árbol, encontró apoyada en el tronco a una muchacha de rara belleza. Pasada la sorpresa del primer instante el samurái no preguntó a la desconocida quién era ni cómo pudo entrar en su casa y le ofreció una taza de té.

La desconocida aceptó de buen agrado la invitación y se mostró tan agradable y tan alegre y simpática que hechizado por su hermosura y su ingenio, Inabata acabó por pedirle si quería casarse con él. La mujer acepto con entusiasmo y las bodas fueron celebradas el mismo día. Los esposos vivieron felices durante algunos años y tuvieron un hermoso niño, al que le pusieron por nombre Yanagi. Pero la felicidad de este mundo tarde o temprano, tiene fin.

Un mal día, el señor de Kioto mandó a unos hombres a la casa de Inabata con la orden de derribar el sauce. Había sucedido que en el templo de Kioto, una pilastra se había quebrado y los sacerdotes dijeron que para repararla, era menester el sauce más hermoso de la ciudad. Y dado que el sauce de Inabata, al decir de todo el mundo, era el más bello ejemplar que podía imaginarse, había obtenido del soberano la orden de derribarlo. El samurái se inclinó respetuoso ante el mando de su señor, aunque sintiese su corazón oprimido por la angustia. Pero cundo los hombres bajaron al jardín para iniciar su trabajo, la esposa se acercó al atribulado Inabata y le dijo:

-Debo hacerte una confesión. Tú has tenido la delicadeza de no preguntarme nunca quien soy . También yo hubiese preferido guardar el secreto pero a hora ya no es posible. Yo soy el espíritu del sauce. Cuando impediste a tu vecino que lo derribase, sentí una inmensa gratitud por ti. Cuando me acogiste en tu jardín y me atendiste con tanto cariño, mi reconocimiento se transformo en amor, he aquí que fui tu esposa. Mas ahora debo morir. Tú no puedes y no debes desobedecer a tu señor. Sufro mucho al tener que separarme de ti, pero te dejo la mejor parte de mí misma, nuestro hijito Yanagi, que estará siempre a tu lado, te amará y te honrará. Adiós.

Inabata, desesperado, quiso detenerla, tendió los brazos mas sólo estrecho el aire. La mujer, convertida ya en un fantasma, se dirigió hacía el sauce y desapareció en su tronco.

Los hombres enviados por el señor de Kioto no se habían dado cuenta de nada y continuaban golpeado a hachazos la base del árbol para derribarlo. Finalmente, entre crujidos y gemidos, que parecían suspiros humanos, el sauce cayó al suelo. Ahora era necesario transportarlo hasta el templo. Pero el árbol tendido en tierra se resistía a todos los esfuerzos. Entonces los hombres pidieron ayuda, fueron al jardín de Inabata todos los ciudadanos jóvenes y robustos, una cuerda fue atada al tronco, y trescientos hombres empezaron a tirar de ella. En vano. El sauce permanecía quieto y no se movía ni un centímetro.

Inabata y Yanagi observaban asombrados aquel prodigio. En esto el pequeñoYanagi que entonces sólo tenía cuatro años, se acercó al sauce, le acarició suavemente las hojas de plata y luego cogiendo una rama, murmuro:

-Ven conmigo.

El árbol cedió al dulce ruego, se agitó y se puso en movimiento, llevado por la mano del niño dócilmente, la planta se dejó transportar hasta el templo.

Autor: Desconocido.




sábado, 28 de diciembre de 2019

Deseos Cumplidos ( Navidad )


Hola amigos, bueno siempre digo que no se escribir como hacéis muchos de los que me visitáis y sigo diciendo lo mismo :), hace unos años me atreví y escribí este cuento que ya lo publique en el antiguo blog,  hoy lo publico de nuevo en este, espero no haceros sufrir mucho leyéndolo, gracias :)

Anny era una niña muy dulce tenía 11 años y pertenecía a una familia acaudalada, su padre era un hombre de negocios que aparentemente le ha ido muy bien, su madre una señora muy recta que no aguantaba a los niños, por eso Anny y sus hermanos, tenía una hermana Lucy de 8 años y un hermano Tony de 6 años, desde que nacieron estuvieron al cuidado de niñeras, no les faltaba nada material, pero solo conocían el cariño que les daban las niñeras y cuando se lo daban que no era siempre.

Una noche Anny se despertó sobresalta, se oía mucho ruido, salió fuera de su habitación y vio al personal de servicio correr y llorar, le pregunto a una de las doncellas que paso por su lado que pasaba, esta la miro llorando y no le dijo nada marchándose corriendo, Anny fue a buscar a sus padres y al llegar a la habitación de ellos fue cuando vio que estaban todos en la puerta, al entrar en la habitación vio a su madre toda seria de pie junto a la cama, entonces fue su madre cuando le dijo que su padre había muerto.

Después del entierro de su padre, al día siguiente se presentaron en la casa muchos acreedores ya que su padre les debía mucho dinero, se dieron cuenta entonces que estaban completamente arruinados y tenían que abandonar la casa, sin dinero y con lo justo de ropa salieron en busca de alguna casa para poder cobijarse, ya que los amigos les dieron la espalda, fueron a parar a uno de los barrios más humildes de la ciudad, encontraron una casa casi en ruinas pero no había otra cosa mejor, como pudieron se acomodaron en ella.

Pasaban los días y los pocos alimentos que se llevaron ya empezaban a terminarse, la madre de Anny cayó enferma del frío que hacía en la casa, sus hermanos estaban pasando hambre y Anny no sabía que hacer, salía todas las mañanas y recogía los trozos de carbón que se les caía a los carros cuando lo llevaban para venderlo, pasaba por los mercados y recogía lo que tiraban y se podía aprovechar, pero todo eso no hacía nada para quitar el hambre de todos y calentarles.

Anny se dormía todas las noches llorando pidiendo alguna ayuda, su madre cada vez estaba más enferma, se acercaba la Navidad y sus hermanos pequeños cada vez se les veía más tristes y con aspecto enfermizo, los vecinos que tenían aun siendo pobres cuando les podían ayudar en algo les ayudaban, compartían lo poco que tenían.

Un día al ir a salir de la casa se encontró con un caballero que estaba a punto de llamar a la puerta, ella se asusto mucho pensando que era un nuevo acreedor que había dado con ellos y venia a pedirles lo que no tenían, le pregunto al señor que quería y este le contesto preguntándole si era  Anny Lamfort.

Ella le dijo que sí, que que quería, entonces la cara del caballero se ilumino con una gran sonrisa, Anny le dijo que de que se reía ya que no tenia gracia ninguna, entonces este le dijo que era su tío Tony, hermano de su padre que había pasado muchos años en América donde había acumulado una gran fortuna con sus negocios, que al enterarse de la muerte de su hermano por medio de los abogados y saber la situación en que habían quedado decidió regresar y ayudarles, que su hermano pequeño llevaba el mismo nombre por el,
Anny no daba crédito a lo que estaba oyendo, por fin se cumpliría el sueño que tenia y era recibir esa ayuda que tanto necesitaban.

Al cabo de unos días todos residían en la casa que su tío había comprado, su madre iba mejorando y sus hermanos tendrían una bonita Navidad, pero para que Anny tuviese esa bonita Navidad le faltaba una cosa, con ayuda de su tío fue casa por casa de sus vecinos que les ayudaron sin tener nada, y les fueron dando toda clase de alimentos, juguetes para los niños, también regalos para los mayores, a partir de entonces entre la niña y su tío se encargaron de que a aquellas personas no les faltase nada y les dieron trabajo en las empresas que su tío había abierto en la ciudad.

Llego el día de Navidad y lo iban a celebrar todos juntos incluidos los antiguos vecinos, la madre de Anny ya recuperada se acerco a sus hijos y les dio por primera vez un beso, comprendió llorando que se había perdido mucho cariño de ellos por ser como era. Otro deseo cumplido pensó Anny con lagrimas en los ojos, entonces cogió a su madre de la mano y le dijo ven conmigo, fueron entonces donde estaban todos y así celebraron esa bonita Navidad.


Pili F.





sábado, 21 de diciembre de 2019

Las Arañas de Navidad.


Hace mucho tiempo, en un pueblecito de las montañas Harts, en Alemania, empezaban a prepararse para la Navidad y como era costumbre, todas las señoras se dispusieron, escoba en mano, a limpiar dejando todo reluciente para cuando llegaran las fiestas.

Hubo una vez hace mucho, mucho, tiempo, un hogar alemán, en el que la madre se encargaba de limpiar la casa para celebrar el día más maravilloso del año.

Era el día en el que nacía Jesús, el día de la Navidad. Ella limpiaba y limpiaba, para que no pudiera ser encontrada ni una sola mota de polvo. Incluso limpió esos rincones en donde, en muchas ocasiones, al hacer mucho tiempo que no se limpia, suelen aparecer minúsculas telas de araña.

En la casa, una araña había establecido su nido en las vigas del comedor y cual no sería su miedo al ver como la escoba se acercaba peligrosamente a sus pequeñas hijas. Así que las llamó a todas y se escondieron un poco más arriba, justo en un pequeño hueco entre los ladrillos, que casi no se veía.  Y allí quedaron escondidas dos o tres días, hasta que una noche vieron algo asombroso.

Del mismo suelo del comedor, había brotado un árbol centelleante de luces y lleno, desde la raíz a las puntas de toda clase de cosas brillantes y deliciosas.

Las pequeñas apenas podían contener su impaciencia, pero la madre araña no las dejó salir del nido hasta que toda la casa estuvo en silencio.

Entonces las arañitas se deslizaron por sus hilos y bajaron hasta el árbol para ver de cerca todas aquellas maravillas. Pasearon arriba y abajo mirándolo todo, tocando los adornos con sus patas y dando tantas vueltas que, al final, todo el árbol quedó envuelto en una gran masa de telarañas y había perdido todo su esplendor.

Cuando Santa Claus bajó por la chimenea aquella noche y se acercó al árbol, se dio cuenta que estaba lleno de arañas. Se rió mucho viendo lo felices que eran las arañas, pero también sabía que los niños se`pondrían tristes cuando vieran su árbol tan sucio y gris.

Santa Claus sintió lástima de las pequeñas arañas, porque también son criaturas de Dios, sin embargo pensó que la dueña de la casa no pensaría lo mismo que él.

Así que les preguntó si querían quedarse en el árbol para siempre. Algunas dijeron que si y otras decidieron volver a su nido. Santa Claus sopló sobre el árbol y, las que quisieron quedarse, se convirtieron en arañitas doradas y sus hilos en bonitas y brillantes guirnaldas que colgaba de las ramas del árbol, haciendo que este fuera aún más bonito.

Desde entonces, en Alemania, todos los años, los abuelos les cuentan a sus nietos la leyenda de las Arañas de la Navidad, y colocan con ellos las guirnaldas brillantes y de colores en el árbol. Cuenta la tradición que siempre hay que incluir una araña en medio de cada decoración.

Y esta es la razón por la que muchas personas ponen arañas y cintas doradas en los árboles de Navidad.



Autor: Desconocido.


FELIZ NAVIDAD A TODOS LOS QUE ME VISITÁIS, BESOS.





sábado, 14 de diciembre de 2019

Florence Nightingale ( Madre de la Enfermería Moderna )


Hola amigos, hoy os presento la historia de otra gran mujer cuya lucha fue lograr mayor higiene entre enfermos, cuidadores y mas tarde en hospitales, os hablo de la que llamaban "La Dama de la Lampara", si leéis su vida sabréis el por que de este nombre, ella es Florence Nightingale, os cuento:

Florence Nightingale,nacida en Florencia (Italia) en mayo de 1820,recibió el nombre de su ciudad natal, en aquel entonces capital del Gran Ducado de Toscana, fue enfermera, escritora y estadística británica, considerada pionera de la enfermería moderna y creadora del primer modelo conceptual de enfermería. Procedente de una familia rica, rechazó la cómoda vida social a la que estaba destinada, para trabajar como enfermera desde 1844. Motivada por sus deseos de independencia y por sus convicciones religiosas, se enfrentó a su familia y a los convencionalismos sociales de la época para buscar una cualificación profesional que le permitiera ser útil a la Humanidad.

A diferencia de otras mujeres de la época, la educación recibida fue muy buena y contribuyó a la visión que los demás tenían de ella como “genio” o mente privilegiada. Completó su formación en Enfermería en Alemania (1851). En 1853 llegó a ser supervisora de enfermeras de un hospital de caridad de Londres, en el que introdujo grandes innovaciones técnicas y de organización, con su trabajo empezó a superarse el modelo asistencial tradicional, basado en los buenos sentimientos y en el sectarismo religioso, y a sustituirse por una asistencia sanitaria científica, la cual precisaba una rigurosa formación del personal de enfermería.

En 1854-56 le propusieron encargarse de coordinar la atención de enfermería profesional en la guerra de Crimea (Turquía) desplazándose a Scutari, se hizo famosa organizando un servicio de enfermeras para los soldados británicos en el hospital de campaña de Usküdar o Escútari (Turquía) consiguió mejoras sanitarias espectaculares, enfrentándose a los prejuicios de los médicos militares y a la pobreza de medios con que el ejército solía tratar a los soldados. Para emplear su método tuvo que resolver los problemas del entorno, como la falta de higiene y la suciedad. Los médicos y oficiales militares no apoyaban su método y tuvo conflictos con las monjas que trabajaban como enfermeras. Al regresar a Inglaterra, fue recibida con honores por la reina Victoria y se le concedieron fondos para establecer una institución educativa de Enfermería en el St. Thomas Hospital y en el King´s College Hospital de Londres. Al poco tiempo, la Nightingale´s School empezó a recibir propuestas para instalar escuelas por todo el mundo. Fue considerada fundadora de la Enfermería moderna.

Aprovechó esa popularidad para ejercer influencia en las altas esferas del poder, logrando el apoyo de la reina Victoria. Desplegando una actividad frenética, consiguió la reforma de la Sanidad militar británica, la extensión progresiva de su modelo a la sanidad civil, la introducción de reformas sanitarias en la India y la creación de una escuela de enfermeras (1860). Desde 1861, sin embargo, permaneció retirada por problemas de salud, consecuencia del esfuerzo desplegado durante la Guerra de Crimea.

Tras el fin de la guerra, Florence Nightingale comenzó a ser conocida como «la dama de la lámpara» («the lady of the lamp»), a partir del poema Santa Filomena de Henry Wadsworth Longfellow, publicado en 1857;

Mirad! En aquella casa de aflicción
Veo una dama con una lámpara.
Pasa a través de las vacilantes tinieblas
y se desliza de sala en sala.

En 1887 se jubilo de la dirección, aunque ya hacia años que sufría depresiones debido a la Brucelosis que contrajo en Crimea y a la Espondilitis que la tenia postrada en la cama. Florence murió mientras dormía el 13 de Agosto de 1910 en Park Lane (Lodres) a la edad de 90 años. La oferta de sepultura en la Abadía de Westminster fue rechazada por sus familiares, y fue sepultada en el cementerio de la Iglesia de St. Margaret en East Wellow, Hampshire.







Espero os haya gustado, gracias:)







sábado, 7 de diciembre de 2019

Sabiduría.


En el Techo del Mundo, o sea en el Tíbet, un peregrino con motivo de una larga peregrinación, en uno de los santuarios más sagrados encontró tres cráneos. La noticia se extendió por todas partes y llegó hasta el rey.

Los tres cráneos se habían encontrado juntos y nadie sabía de su procedencia. El rey sintió gran curiosidad por el suceso y ordenó que le trajeran los cráneos. Los colocó ante sí, los observó y se preguntó: «¿A quiénes pertenecerían estoscráneos? ¿Qué clase de personas serían sus propietarios?» Yquedó pensativo y se dijo: « Me gustaría saber cual de las tres personas era la más bondadosa».

El monarca era un hombre joven, que valoraba la benevolencia en los seres humanos. Aquellos cráneos le intrigaban. ¿Cómo investigar algo sobre ellos?.

Entonces le hablaron de un lama médico forense.Hacedle venir ordenó el rey. Quiero ver a ese lama médico lo antes posible. Unos días después, procedente de su monasterio en remotas tierras del País de las Nieves, llegó el lama médico.

Tengo conocimiento de que eres no sólo un piadoso lama, sino un gran forense. No te voy a entregar una tarea fácil, pero confío en ti. Mira estos tres cráneos. Los encontró un peregrino en una de sus peregrinaciones. Estaban juntos y yo no he podido dejar de preguntarme cuál de ellos pertenecía a la mejor persona entre las tres.¿Podrás averiguarlo?. Necesito unos días majestad, dijo el lama serenamente. En ese tiempo espero poder traeros una respuesta que os satisfaga. También yo lo espero concluyó el rey.

El lama médico se llevó los cráneos con él. Durante unos días se encerró en la celda de un monasterio a investigar minuciosamente sobre los mismos. En principio no era una tarea sencilla. Unos días después, el lama médico acudió a visitar al monarca.

El rey no podía disimular su impaciencia.¿Has descubierto algo?. Sí señor, tengo la respuesta. Colocó los tres cráneos sobre una mesa y señaló uno de ellos. Éste, seguro era el cráneo de la persona más bondadosa. ¿Seguro? preguntó escéptico el rey. Quiero una explicación convincente. El lama médico se expresó así: Cogí uno de los cráneos y pasé un alambre por uno de los oídos y observé que el alambre salía directamente por el otro oído. Sin duda se trataba de una persona a la que lo escuchado a los demás le entraba por un oído y le salía por el otro.

El médico retiró ese cráneo y añadió: Mirad majestad, este otro cráneo. Lo investigué a fondo. Introduje un alambre por el oído y el mismo salió directamente por la boca. Era el cráneo de una persona que indiscretamente, contaba en el acto todo lo que había escuchado. El monarca no pudo reprimir la risa. Luego se puso serio y dijo: ¿Y el tercer cráneo?. El lama médico tomó entre sus manos el tercer cráneo y añadió:

Señor, este cráneo es el que pertenecía a la persona más bondadosa. ¿Por qué? Os lo explicaré. Recurrí de nuevo a la prueba del alambre. Inserté el alambre por uno de los oídos y éste apareció por elcorazón. Así se evidencia que esta persona escuchaba con amor a los demás y sabía guardar sus secretos. No era solamente la más bondadosa, sino también la más sabia y prudente.

El monarca muy complacido dijo: Si eres tan buen lama como forense, no dudo de que alcanzarás la iluminación. El lama médico no quiso ninguna recompensa. En una humilde mulilla regresó a su monasterio.


Moraleja: La bondad impregna Pensamientos, Palabras y Obras.

Autor: Desconocido.