lunes, 28 de abril de 2014

Las Moscas, el Tonto y el Boticario.


Un hombre al que tenían por medio tonto, entró una vez en la botica, y le dijo al boticario:

-¡Señor boticario, cuántas moscas tiene aquí!

-Pues mira – le dijo el boticario-, por cada una que mates, te doy un duro.

El hombre puso por testigos a las personas que estaban en la botica, y comenzó a matar las moscas, juntando veinticinco.

El boticario cogía una por una y mientras las separaba decía:

-Esta es “mosco”.

Separaba otra, y decía igual:

-Esta es “mosco”.

Y así una tras otra, ninguna era mosca, todas eran “moscos” por lo que no pago ni un duro al paisano, que salió avergonzado de la botica ante las risas del boticario y los que allí se encontraban.

Pero aquel hombre tenía colmenas, y todos los años le mandaba la prueba de la miel al boticario. Así que cuando llego la hora, fue a las cuadras y cogiendo una poca mierda de las vacas la mezclo con la miel que le iba a mandar al boticario.

Pasó el tiempo y un día que fue el hombre por la botica, le preguntó al boticario si le había gustado la miel.

-Hombre, esta vez no estaba nada buena. Hasta parece – con perdón – que sabía a mierda. respondió el boticario.

-Y claro que la tenía – le dijo el medio tonto – pero, mire señor boticario, el que le sabe separar las moscas de los moscos, que separe la mierda de la miel.


Autor: Desconocido.



jueves, 24 de abril de 2014

Las Tres Gotas de Agua.


El Alba pasó una mañana cerca de una camelia y oyó pronunciar su nombre por tres gotas cristalinas.
Se aproximo, luego posándose en el corazón de la flor, preguntó cariñosa:

-¿Qué desean de mí, gotas brillantes?

-¿Que vengas a decidir una cuestión- dijo la primera-.Somos tres gotas diferentes reunidas en diversos puntos. Queremos que digas cuál de nosotras vale más y cual es la más pura.

-Acepto, habla tú gota brillante. Y la primera gota trémula habló así:

-Yo vengo de las altas nubes; soy hija de los grandes mares; nací en el ancho océano. Después de andar por mil borrascas, una nube me absorbió. Fui a las alturas, donde brillan las estrellas, y de allá, rodando entre rayos, caí en la flor en la que descanso ahora. Yo represento al océano.

-Habla tú, gota brillante-dijo el Alba a la segunda.

-Yo soy el rocío que tiembla sobre los lirios; soy hermana de la Luna; soy hermana de las tinieblas que se forman en cuanto llega la noche. Yo represento al amanecer del día.

-¿Y tú? Preguntó el Alba a la más pequeña.

-Yo nada valgo.

-Habla: ¿de donde vienes?

-De los ojos de una madre. Soy una lágrima.

Imagen de Karras
-Esta es la de más valor, es la más pura.

-Pero yo fui océano...

-¡Yo atmósfera!...

-Sí, trémulas gotas; mas esta fue corazón...

Y el Alba desapareció por la región azul, llevando a la gota humilde ...


Autor: Desconocido.




lunes, 21 de abril de 2014

La flor aventurera ( El miedo )


Con el otoño llegó el viento, llegó el frío, y la amapola se durmió. Las golondrinas se fueron a pasar el invierno a lugares más cálidos.

Los días eran más cortos, las noches eran más largas y todo el campo se preparaba para el reposo. Las mariquitas también se preparaban para el gran sueño buscando un lugar donde esconderse.

Incluso el caracol se metía en su concha para no salir en bastante tiempo. Pero la margarita era muy curiosa y quería saber cómo era la nieve, así que decidió hacerse la dormida cuando el hada del sueño la tocó con su varita mientras decía:

¡Dormid, dormid, florecillas, margaritas, amapolas, gitanillas, dormid, dormid, dormid!

Dulcemente se acurrucaban entre la hierba, que también se desmayaba por la fuerza del viento. La margarita, como no estaba acostumbrada a esta temperatura tan baja, empezó a temblar a la vez que pensaba:

- «¡Ay, ay, qué frío, qué viento! ¿Qué haré para abrigarme?»

Buscó con la mirada a unas hojas de castaño y les pidió que la taparan, pero ellas le dijeron:

—No podemos servirte de abrigo, debemos ir donde el viento nos lleve, pero puedes pedirle al helecho que te tape un poco para que te pare el viento, y al musgo le puedes pedir que te haga un lecho verde alrededor del tallo.

Las hojas de castaño la miraban asombradas y le preguntaron:

—Pero… ¿por qué no te has dormido como las otras flores cuando pasó el hada?

La margarita les contestó:

—Siempre he querido conocer la nieve y he decidido quedarme hasta que la vea.

—Muy bien, tú sabrás lo que haces, pero es muy peligroso. La margarita temblaba, un poco por el frío y otro poco por el miedo, pero había tomado una decisión y no se iba a volver atrás.

Mientras la nieve se acercaba conoció cosas que nunca había visto antes, como las setas. Conoció un tiempo donde el sol se acostaba temprano, un tiempo que se le hacía eterno, pues sus amigas dormían desde que pasó el hada con su varita. El jardín y el huerto estaban casi dormidos pero no del todo.

Tampoco había silencio porque las urracas no paraban de meter ruido. Los gorriones, los herrerillos, los petirrojos y los mirlos hacían compañía a la margarita. Un día los pájaros del jardín se reunieron a comentar el caso de la margarita.

La veían triste y temblorosa, en parte por el frío que estaba pasando y en parte por el miedo de no saber lo que le esperaba. Decidieron hablar con ella.

—¡Hola, margarita! Queremos saber por qué no te has ido del jardín a dormir con las otras flores.

—¡Hola, amigos! Desde hace días os escucho y me acompañáis. Yo sé que vosotros conocéis bien el invierno, pero yo nunca he visto la nieve y he decidido esperar a que llegue. Me han dicho que es preciosa…

—Sí, es muy bonita, pero para ti podría ser peligrosa. Si te cae mucha nieve encima, tu tallo se puede romper. Además, te tapará y no podrás ver el sol y, sin el sol, morirás, ¿verdad?

—Sí, creo que sí. Por eso tengo miedo: por un lado estoy deseando verla y por otro lado no deseo que llegue…

Los pájaros sintieron lástima de la pobre margarita y se pusieron a pensar en la manera de poder ayudarla. Seguía tiritando de frío aunque menos que antes, porque el helecho la protegía del viento y el musgo rodeaba su pequeño tallo, como si fuera una alfombra. Mientras pensaban no se imaginaron el susto que la pobre iba a recibir.

De pronto, muy cerca de donde estaba, un montón de tierra salió volando por los aires.

—¿Quién anda ahí? —preguntó la margarita, asustada.

Justo delante de ella una pequeña nariz asomó desde un agujero.

—Soy el topo, y tú, ¿quién eres?

—Soy la margarita.

—¿Tú qué haces por aquí? Tenías que estar dormida.

—¿Y tú? Menudo susto me has dado…

—Lo siento, pero cuando veas un montoncito de tierra sabrás que estoy por aquí y no te volverás a asustar.

La margarita iba de sorpresa en sorpresa. ¡Cuántas cosas pasaban en el otoño! Una tarde, el cielo se cubrió de un extraño color gris plomizo y en seguida empezaron a caer copos de nieve.

La margarita se quedó inmóvil contemplando las estrellitas blancas que caían del cielo. El helecho gritó:

—¡Es la nieve! ¡Es la nieve! Y en ese momento supo que su sueño se había cumplido.

Todos los pájaros del jardín –gorriones, herrerillos, petirrojos, mirlos, incluso las urracas– se acercaron a ella y la taparon con sus alas abiertas, dejándole un huequecito por donde la margarita pudo ver cómo se cubría de blanco todo el jardín.

—Ahora duerme, margarita —le dijeron todos—.En primavera, cuando despiertes, podrás contar a todas tus amigas cómo es la nieve, pero ahora duerme, duerme…

La margarita ya no sintió miedo, cerró los ojos, llenos de imágenes blancas, se tumbó suavemente sobre el lecho que el musgo le había preparado y se quedó dormida.


Autor: Begoña Ibarrola.





jueves, 17 de abril de 2014

La hija del rey de la tierra de la juventud.


Mientras Finn y su hijo Oisin, junto a varios compañeros, cazaban una mañana brumosa de verano a orillas del lago Lena, vieron acercarse a una doncella hermosísima, montada en un corcel blanco como la nieve.

Ella llevaba un traje de reina, una corona de oro y un manto de seda marrón con estrellas de oro rojo la envolvía y se arrastraba por el suelo.

Su caballo llevaba adornos de oro y un penacho sobre la cabeza.

La doncella y se acercó a Finn y con él habló.

- Desde lejos he venido y te he encontrado, Finn, hijo de Cumhal.
- ¿Cuál es tu tierra, doncella, qué es lo que deseáis de mí?
- Mi nombre es Niam la del pelo dorado. Soy hija del rey de la Tierra de la Juventud, y lo que me ha traído hasta aquí es el amor por vuestro hijo Oisin.

Ella giró hacia el joven guerrero y le habló con una voz a la que nadie podía negarse.
- ¿Vendrás conmigo, Oisin, a la tierra de mi padre?
- Allí iré y hasta el fin del mundo.

Entonces la doncella habló sobre su tierra, y mientras lo hacía, una quietud de ensueño inundó todas las cosas.
Ningún caballo se movió, los perros dejaron de ladrar, ninguna ráfaga de viento meció las hojas del bosque.
Los hombres estaban tan maravillados que de todo lo que ella contó, sólo pudieron recordar:

Es una tierra deliciosa por encima de todos los sueños,
Más bella que cualquier cosa jamás vista por unos ojos.
Allí todo el año hay frutos en los árboles,
Y durante todo el año las plantas florecen.

Allí los árboles miel salvaje gotean;
El vino y la hidromiel nunca se terminan.
Ningún habitante conoce el dolor ni la enfermedad,
Y la muerte o el decaimiento nunca están cerca de él.

La fiesta nunca empalaga ni la caza cansa,
Ni tampoco para de sonar la música de los salones;
El oro y las joyas de la Tierra de la Juventud
Brillan con esplendor jamás conocido por hombre alguno.

Tendrás caballos de buena cuna,
Tendrás perros que corren más que el viento;
Un centenar de guerreros os seguirán en las batallas,
Un centenar de doncellas os cantaran para que durmáis.

Una corona de soberano llevareis en la frente,
Y a vuestro lado un arma mágica siempre estará,
Y seréis el señor de toda la Tierra de la Juventud,
Y señor de Niam la del pelo dorado.

Al terminar la canción, los fians vieron a Oisin montar en el corcel mágico, sostener a la doncella en sus brazos, y desaparecer como un rayo de luz hacia el bosque.


Autor: Desconocido.




lunes, 14 de abril de 2014

El Ermitaño y los Animales ( Leyenda Cántabra )


Una vez había un ermitaño muy viejo que tenía unas barbas muy largas y un hábito de sayal lo mismo que el sayal de los escarpines. El ermitañu bajaba a los pueblos una vez cada semana a pedir limosna ya regalar a la gente el agua bendita de la pila de la ermita y las ramas de laurel pasás por la frente del santu, que diz que valían pa aplacar las malas tentaciones, las angustias y los malos pensamientos.También regalaba las flores de la malva y la manzanilla y muchas yerbas güenas que nacían en el monte onde estaba la ermita.

Un día al levantase, el ermitañu notó que habían despedazau el campanariu de la ermita. Otru día encontró rota la paré del pórticu. Otro día, cuando golvía de pedir la limosna, vio que habían llevau toas las tejas del tejau. Por la marca de los pies conoció que había síu el ojáncanu.

El ermitañu hacía tiempu que había encontrau en el monte a una comadreja con una pata partía. La cogió, la llevó a la ermita y la curó con toa la paciencia.Otro día encontró a una raposa casi aterecía en la nieve. También la cogió y la llevó a la ermita onde la calentó a la lumbre y la hizo revivir con el calor. Otro día encontró a un lobu casi muertu de hambre, acostau debaju de un árbol sin poder moverse de necesidá. El ermitañu cargó con el lobu en las espaldas y le llevó a la ermita, onde le dio de comer y le quitó la necesidá.

La comadreja, la raposa y el lobo, agradecíos, se quedaban por la noche en las sus cuevas y por la mañana iban a la ermita y lambían los pies y las manos del ermitañu. Después se iban y golvían al atardecer pa golver a lamber las manos y los pies del ermitañu. Un atardecer cuando la raposa, la comadreja y ellobu llegaron a la ermita, el ermitañu no estaba allí. Por la mañana golvieron y tampocu encontraron al ermitañu.

Entonces la raposa toa entristecía contó a toas las raposas del monte que el ermitañu había desaparecíu de la ermita. El lobu también muy entristecíu se lo contó a toos los lobos. y la comadreja también se lo contó a toas las comadrejas.Se juntaron tos los lobos, toas las comadrejas y toas las raposas y corrieron por el monte pa buscar al ermitañu. Al cabu de unos cuantos días una raposa alcontró un peazu de sayal y una sandalia al pie de una lastra.

Cogió la sandalia y el peazu de sayal con los dientes y se lo enseñó a toas las sus compañeras, a tos los lobos ya toas las comadrejas que echaron a correr hacia la lastra onde la raposa había encontrau el peazu de hábitu y la sandalia. A la parte de allá de la lastra estaba la cueva del ojáncano, y los animales agradecíos barruntaron que el ermitañu estaba presu en la cueva.

La raposa que había encontrau el peazu de sayal que era la más vieja de toas, se tumbó en la braña que había delante de la lastra, haciéndose la muerta, y lo mismu hicieron toas las sus compañeras, tos los 1obos y toas las comadrejas. Toa la braña estaba sembrá de lobos, de comadrejas y de raposas que paecían muertas.

Cuando el ojáncanu abrió la puerta al ser de día y se encontró con tantu animal muertu, se rió con la su risa que paez un rute de truenu y jue cogiendo a los animales y los metió en .la cueva que era muy larga, y muy ancha, y muy oscura. El villanu los metió en la cueva pa que al descomponerse molestaran al pobre ermitañu con el olor. A un gañío que dio la raposa vieja se levantaron tos los lobos, toas las raposas y toas las comadrejas y se echaron tos encima del ojáncanu que creía que estaban muertas. Al pocu ratu el ojáncanu estaba muertu en la misma puerta.

Y como el ojáncanu era muy grande y tapaba toa la puerta y no podían arrastrale de allí, los lobos empezaron a comele hasta que quedó un huecu entre el cuellu y la cintura pa poder pasar. El ermitañu salió con tos los animales y como no podía andar de los malos tratos del ojáncanu, los lobos se ajuntaron en ringlera de derecha a la izquierda y los unos detrás de los otros y el ermitañu se acostó encima de ellos y así le llevaron hasta la ermita.





jueves, 10 de abril de 2014

Maria y Manuel


Imagen de Karras
Maria es una joven muy guapa, todos los días tiene la costumbre de salir a pasear por el campo ya que al vivir en un pueblo se lo podía permitir, le acompañaba su fiel amigo Pincho, un perro que no se sabia que raza era pero que un día apareció en la puerta de su casa y desde entonces no se separaba de Maria para nada, le decían Pincho por que parecía que se ponía gomina y llevaba el pelo de punta:)

Cada tarde Maria y Pincho se iban a un pequeño bosque de pinos que estaba en una loma cercana a su casa, al llegar se sentaba entre los pinos, Pincho encima de sus piernas y se dejaban llevar contemplando la puesta de Sol, así siempre no faltando nunca a su cita. Maria se dio cuenta un día que tenían compañía, que no estaban solos contemplando la belleza de la puesta de Sol, era Manuel al que conocía desde niña, pero al ser tímida nunca se atrevió a decirle nada, poco a poco el le iba diciendo cosas para romper esa timidez, con el paso de los días ese camino ya no lo hacían solo Maria y Pincho sino que les acompañaba Manuel, ella cada vez mas feliz lo mismo que el, pasado un tiempo prudencial se hicieron novios.

Imagen de Karras
Llego el día de la boda, mas felices no podían ser los dos, se casaron y en sus vidas no faltaba el cariño y amor que mutuamente se profesaban, seguían con su paseo de todos los días para contemplar la belleza de la puesta de Sol, llegaron los hijos colmando mas aun su felicidad, dos niños primero para deleite de Manuel, después llego la niña deseada de Maria, mas dos niños después, cinco hijos, cinco joyas para colmarles en su inmensa felicidad.

Fue pasando el tiempo y en esa casa quitado de algún contratiempo como es lógico seguían siendo muy felices, Pincho mas viejecito seguía aun con ellos haciendo las delicias de los niños.

Imagen de Karras
Pero esa felicidad se trunco cuando Maria cayo enferma, pasaba el tiempo y no se recuperaba, nadie sabia lo que tenia hasta que un día se durmió para siempre, Manuel y los niños no tenían consuelo alguno al pensar en Maria.

Manuel se fue hundiendo poco a poco en una inmensa tristeza, ni siquiera el cariño de sus hijos conseguían consolarle, como una vela se fue consumiendo su vida, habían pasado tres meses desde la marcha de Maria cuando Manuel se reunió con ella en el reino de la felicidad, dijeron los médicos que murió de tristeza.

Los niños no quedaron solos ya que fueron acogidos por el resto de la familia.


Pili F.


domingo, 6 de abril de 2014

Leyenda de la Vainilla


Cuentan que Xanath, hija de nobles totonacas y muy celebre por su belleza, vivía en un palacio cercano al centro ceremonial de Tajín sede de su pueblo.

Cierto día en que la joven acudió a depositar una ofrenda sobre el plato colocado en el abdomen de Chac-Mool (Mensajero Divino), encontró casualmente a Tzarahuin (Jilguero), un alegre doncel al que le agradaba silbar, y surgió entre ambos amor a primera vista.

Sin embargo el romance tubo dificultades para prosperar, porque Tzarahuin era pobre y vivía en una choza humilde rodeada de tierra fértil en que abundaban las anonas (fruto), las piñas y calabazas. A pesar de la diferencia de clases, los enamorados se reunían casi a diario de manera fugaz, cuando el mancebo llevaba al mercado la cosecha de sus siembras, y en poco tiempo una sincera pasión se apodero de sus corazones.

Una tarde en que Xanath paso junto al templo sagrado de los nichos, le sorprendió la mirada penetrante del dios gordo que se caracterizaba por su vientre abultado, la frente rapada y su tiple penacho, desde entonces el señor de la felicidad se dedico a cortejarla.

La doncella logro esquivarlo en un principio, mas el astuto dios encontró la forma de revelarle sus sentimientos, pero al ser rechazado, su alegría habitual se torno en cólera y amenazo a la joven con desatar la furia sobre Tajín si no accedía a sus reclamos amorosos. La advertencia hizo temblar de miedo a Xanath, pero no traiciono a Tzarahuin.

El astuto dios gordo resolvió entonces ganarse la confianza del padre de la joven para que influyera en el animo de Xanath, lo invito a su palacio, le revelo secretos divinos y cuando manifestó interés por la linda muchacha, recibió completo apoyo para casarse con ella.

Xanath hubo de soportar un mayor acoso del testarudo dios y su padre la obligo a aceptar una nueva cita que resultaría fatal, pues luego de haber dado otra negativa al señor de la felicidad, este irritado lanzo un conjuro sobre la doncella y la trasformo en una planta frágil de flores blancas y exquisito aroma: la Vainilla.

Si bien el dios creyó vengarse, lo cierto es que mientras de el existen solo vagos recuerdos, en cambio tenemos muy presente en nuestros días a la planta orquidácea, cuya esencia es muy apreciada en la cocina,  la pastelería, y perfumería de muchas partes del mundo.

Las plantas que producen la vainilla poseen ellas mismas el nombre de vainilla, son las únicas Orquideas cultivadas por razones que no sean meramente ornamentales.

Para obtener una especie realmente rica en aromas, el cultivo y la preparación de la vainilla necesitan largos y minuciosos cuidados. Eso hace que sea en proporción al peso, uno de los productos agrícolas mas caros del mundo. Se presenta en forma de palos negros y brillantes, comúnmente se les llama vainas de vainilla, sin embargo en botánica se trata de capsulas.